10 mayo, 2009

Cata de whiskys: un cervecero infiltrado

Pues sí señor. Resulta que no todo son vinos en el Club de Enófilos de la UPV. Hace tres semanas pudimos disfrutar (con cierto esfuerzo) de una cata de whiskys Single Malt. Una cata completa, con su pequeña porción de historia del whisky, fabricación, y proceso de degustación.

Pero antes de relatársela, una confesión y una pequeña historia. No soporto el whisky. La historia es conocida, y repetida por muchos otros con otras bebidas. Alegría y desenfreno, botellón en las praderas de Irlanda. Entre los participantes, un apuesto joven de 17 años. ¿Quieres whisky? - le preguntan. Como no, estando sobre las verdes praderas de Irlanda. Entre dos jóvenes finiquitan la botella, acompañada de Fanta naranja. Sin vasos, trago de uno, trago de otro.

Les ahorraré detalles. La cosa acabó mal, sobre las verdes praderas de Irlanda. Y sobre la discoteca. Y sobre las piernas de alguna desafortunada. Y al día siguiente, tras el desayuno. Y como el cuerpo humano es sabio, nuestro apuesto joven creció y maduró con un rechazo instintivo al licor de malta.

El joven apuesto era yo, por cierto. Ahora soy menos joven y más apuesto.


Comprenderán pues, que estando servidas todas la bebidas doradas en sus copas antes de empezar, a punto estuve de salir corriendo nada más entrar en el aula de cata. Para dirigirme al baño y recordar los grandes momentos de Irlanda, claro. Pero aguanté como un machote. Y gracias a que lo hice aprendí un montón.

Como que el whisky, pese a ser procedente de Irlanda, ha crecido y madurado en Escocia para dar lugar a los productos más puros: el Single Malt, obtenido a partir de una una única variedad de malta de una destilería. Y cómo las distintas zonas de Escocia (Lowlands, Highlands, Speyside, Skye e Islay) aportan sus características distintivas a la bebida: amaderados, ahumados, frutales y herbales, picantes y especiados...

El proceso de fabricación del whisky tiene similitudes con el de la cerveza en el sentido en que ambas se obtienen de la cebada. Fuera de esto, poco más. Las variedades que se emplean para la fabricación del licor contienen mayor cantidad de almidón y menor de proteínas. En el proceso de malteado, el grano se deja germinar para romper las largas cadenas de azúcares y convertirlos en fermentables y más tarde se seca. Para ello se emplean los hornos de turba tradicionales.

La turba no es más que materia orgánica en descomposición, con alto contenido en carbono. De hecho, la turba, a lo largo de los siglos y a altas presiones, conforma el carbón. El secado mediante el calor de la combustión de la turba proporciona al whisky los aromas ahumados y acres, especialmente en Islay y West Highlands.

La malta se muele para formar el grist y éste se macera con agua caliente en el mash tun. De este modo se obtiene el mosto que se fermentará durante dos días mediante la adición de levaduras. Los azúcares del mosto se transformarán en alcohol. En este momento disponemos de lo más parecido a una cerveza: un líquido sin apenas carbónico con un 7% de alcohol (wash). Aquí terminan las similitudes con la fabricación de cerveza y comienza el destilado.

El destilado es un proceso en dos fases muy complejo, en el que intervienen dos alambiques. De una primera destilación se obtienen los llamados low wines un líquido con una concentración de alcohol de un 30%. Éste es destilado de nuevo, obteniéndose una 'bebida' con aproximadamente un 60-70% de alcohol. Pero el primer líquido que destila -las llamadas cabezas- y el último que termina de salir -las colas- no son aptas apara obtener un buen whisky directamente. Se suelen juntar para destilar de nuevo. El líquido aparecido en medio del proceso -middle cut- es el idóneo para dejar envejecer.

Al terminar el proceso, el whisky debe reposar en barricas durante al menos tres años. Las barricas empleadas en Escocia son siempre usadas, y han contenido bourbon1 estadounidense o Jerez. La barrica otorgará al whisky su color, además aromas a vainilla, chocolate y frutos secos, dependiendo de su procedencia. Algunas de ellas guardan caldos durante cuarenta años.

Al final es el maestro quien selecciona las barricas a partir de las cuales se embotellará la bebida. Cuando en una botella de whisky aparece su edad, ésta representa la edad de la barrica más joven con la que se ha elaborado. Para terminar, aunque tras muchos años de guarda, parte del alcohol se ha volatilizado, es necesario añadir agua para dejar el whisky en torno al 40% de alcohol. Durante esos años, los vientos del lugar también habrán realizado su aporte, especialmente en las costas de Islay y Skye.

Todo esto aprendí durante la cata. Pero, ¿qué hay de la cata en sí mismo? ¿Cómo se cata una bebida tan espirituosa?

En primer lugar se observa el color, que puede dar pistas acerca del tipo de barrica en la que estuvo. La gama cromática va desde el dorado más pálido hasta la miel o ámbar más cálido. Alguno también tienen destellos aceitunados. La lágrima que forma nos indica su proporción de alcoholes y su densidad.

El whisky no se cata como el vino. Sobre todo porque te arde nariz si la metes en la copa. Para apreciar los aromas hay que olfatear la bebida acercándola a la nariz y separándola poco después, sin grandes inspiraciones que sólo nos embotarían. Personalmente, me resulta difícil abstraerme del alcohol para reconocer los distintos aromas, pero una vez identificados, volver a ellos es mucho más sencillo.

Finalmente la cata en boca se realiza también en dos fases. En la primera se degusta así sin más, dejando reposar sobre la lengua un momento. En la segunda se mezcla con un poco de agua. El agua aplana unos sabores y realza otros en cada whisky, así nos permite reconocer algunos sabores y aromas que permanecían tapados en primera instancia. Algunos whiskys aceptan mejor el agua que otros, aunque al final todo viene a ser una cuestión de gustos, claro está.

Los whiskys que probamos fueron tres (pocos, si es que hubo alguien, se los acabó). Los tres Single Malt, por supuesto:

Cardhu Cask Reserve: De Speyside nos llega esta marca, quizá la más conocida de Single Malt en España (fue de las primeras en desembarcar). Cask reserve es una selección de las mejores barricas de la destilería. Color oro, olía a melocotón y a fruta tropical, cuerpo medio (comparado con los dos siguientes). En boca frutos secos y vainilla, bastante especiado. En mi opinión, fue el más plano, o el más parecido a lo que esperaba de un whisky.

Talisker 10: de Islands, el más sorprendente de los tres: aromas a ostras y mar, un poco ahumado. En boca mucha pimienta e intenso, con mucho cuerpo. Se notaba un poco de madera. A mí me gustó mucho más el aroma que el sabor, demasiado alcohólico y picante. (¡Tiene casi 46º!)

Lagavulin 16: la joya de la cata. Tiene un color intenso dorado, ambarino. El aroma es a turba, a más no poder. Luego se distingue yodo, procedente del agua de la zona de Islay. En boca es dulce y luego salado, con mucho mar. Verdaderamente, un whisky redondo y muy complejo.

En fin, una experiencia de lo más interesante y que no me importaría repetir. Ya no soy el joven de 17 años. Mucho más guapo y resabiado, me he reconciliado con el whisky. Próxima parada: territorio ron. ¿Les he contado que no me gustan las bebidas dulces?.

1 ¡Resulta que para fabricar bourbon tienes que emplear barriles nuevecitos cada año!. Los compran con el dinero que obtienen de vender barriles de primer año a los fabricantes de whisky.

Cata a cargo de Diageo, importador de bebidas.
Revista Bar&Beer, nº 2, 2008

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03 mayo, 2009

La Ronda #11: un cervecero molesto

Ando a paso cambiado con La Ronda, lo sé. Pero lo importante es llegar a la invitación, aunque sea tarde y mal, como hoy. Espero que Manzapivo me perdone, porque su tema era interesante y daba bastante juego. Nos pregunta desde Neo Manza en la Ronda de Abril:

"¿Qué les molesta que digan o hagan en contra de la cerveza o nuestra afición?"

Pues muchas cosas, aunque, para ser sincero, algunas de ellas ya las he ido desgranando a través de los posts. por ejemplo, que la cerveza engorda. Me molesta que todavía haya quien piense que la cerveza debe ser para comidas ligeras, y no para restaurantes.

Me molestan en general las generalizaciones, los tópicos y lugares comunes de la cerveza. Sin embargo existe uno, repetido por gente que bebe cerveza, que he venido escuchando desde hace mucho tiempo y al que hasta ahora asentía. Hasta que lo he pensado dos veces y he descubierto lo absurdo (y peligroso) que es.

Que la mejor cerveza es la que se bebe con los amigos.


Y entiendo perfectamente el significado de la frase, claro que sí. Y aprecio la buena compañía, las risas y la camadería en torno a la cerveza como el que más, por supuesto. Pero, en mi opinión, ese tópico, repetido como un mantra (y potenciado desde la publicidad de las grandes marcas cerveceras) impide que la cerveza sea entendida como un producto de calidad -o potencial calidad- por sí mismo.

A la cerveza no la hace buena la compañía. Ni el sol de verano ni una cala deshabitada bajo las palmeras. Una Cruzcampo está igual de mala aunque te la tomes en un bar abarratado, aunque entonces es posible que te lo oculte el olor del tabaco o a sardinitas. Y una Mahou es una Mahou, te la tomes con Iker Casillas, con el menda bailongo de San Miguel o con tu primo. El momento bueno no hace buena la cerveza, sencillamente porque no torna en buenos ni los ingredientes, ni el proceso de fabricación, ni el tiempo de guarda.

¿Y por qué los anuncios insisten tanto en la compañía, el buen ambiente y la amistad como potenciadores de la cerveza?. Evidentemente, porque les permite vender sus birrias de productos. Ahora va a resultar que si Cruzcampo es mala es porque yo no tengo el toque mágico de los que nacieron a principios de los 80 y no sé disfrutarla en un bareto en compañía de un paje orondo. No me parece casualidad que las dos únicos anuncios de cerveza en los que el protagonista se toma una cerveza en solitario sean los de Voll-Damm y los de Alhambra 1925.

No me malinterpreten. Los que me conocen al menos, saben que no soy un nazi de la cerveza. Y se lo digo a ustedes también: no soy un nazi de la cerveza. Sé disfrutar de los momentos con cerveza, aun a pesar de la cerveza. Y no me verán poner caras ni comentar la mala elección ni rechistar por ello, ni mucho menos. Así que tranquilos, me pueden llevar de fiesta a un pub e invitarme a una Heineken. Ya están tardando.

Por otro lado, la ignorancia en torno la cerveza no me molesta especialmente, excepto cuando es malintencionada o propagada (de eso habla Max). Si alguien me dice "No me gustan la cerveza" asumo que no ha probado las suficientes. Conozco a muchos de entre estos y es difícil que, tras convencerles para que prueben cosas diferentes, no encuentren al menos una que sí que les guste. Además, siempre he creído que el gusto por los alimentos se adquiere (también el disgusto, faltaría más, algunos de ellos insuperables).

En un contexto más amplio y resumiendo, me molesta, aunque yo también haya sido partícipe de ello, las actitudes predispuestas en torno a la cerveza. Tanto hacia algunas cervezas en particular como a la cerveza en su idiosincrasia. A la cerveza hay que acercarse sin prejuicios ni complejos, luchando siempre por desconocer -antes de probarla- si será una bebida para tomar en verano o en invierno, para un chiringuito o un restaurante, para un primer plato o un postre.

Y luego decides dónde y con quién te la tomas: en un bar lleno de amigos o en una copa en el sillón de tu casa. La cerveza será la misma.

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16 abril, 2009

Un poco de música de aquí

Hola compañeros. Tras unos cuantos posts cerveceros, ahora tocan otras cosas. Me iba a liar a escribir un post acerca de la música que más escucho, aprovechando que recientemente me descubrieron un grupo que reúne lo que más aprecio musicalmente hablando: Gypsy, Ska y Orchestra. Y además son de Amberes, Bélgica. El grupo se llama Antwerp Gyspsy Ska Orchestra. Me encanta esta obviedad, presente en muchos de los grupos que elaboran música del este: sólo el nombre me anima a escucharlo. En cambio, si ustedes descubriesen un grupo llamado Pop ñoño de San Sebastian, apuesto a que no lo adquirirían. Por eso en España tenemos tantos grupos con nombres absurdos.

Pero al final he reconsiderado la idea y he pensado que era mejor ofrecerles algo de música de aquí. Y música de aquí significa música folk valenciana. Esto entronca además con una de mis aficiones menos publicitadas en el blog: tocar la dolçaina, a la que llevo ya dedicados 6 años de mi vida (algunos de mayor productividad pedagógica que otros). Y dar a conocer algo distinto, tan español como las sevillanas o la muñeiras (según mi visión), es siempre enriquecedor.


Hablar de recuperación de la música valenciana es hablar de Miquel Gil. Miquel, nacido hace 52 años, fue miembro fundador del grupo de música con mayor influencia en la música en valenciano en los años 70 y 80: Al Tall. Al Tall formó parte del movimiento cultural catalán (enmarcado en lo que se llamó Nova Cançó) que en los tiempos de la Transición alzo la voz reclamando no el aperturismo, sino la caída completa del régimen dictatorial tras la muerte de Franco.

Al Tall hizo suyas las reclamaciones de amnistía política, en el mismo grito en el que se exigía la autonomía del poder central. Asimismo, no dudó en denunciar los abusos y asesinatos de una derecha empeñada en no perder poder.

Listar aquí el compromiso de Al Tall con el nacionalismo catalán progresista es una tontería, porque ya lo hace, y de forma más extendida, la Wikipedia. Me resulta más interesante destacar que los miembros de la formación tuvieron claro siempre que las fronteras culturales jamás coinciden con las políticas, siendo la música el más claro ejemplo de ello. A lo largo de los años Al Tall interpretó canciones tradicionales y compuso nuevas (que han pasado a formar parte de la tradición de los que somos más jóvenes): valencianas, albaes, jotas, boleros, havaneras, seguidillas... siempre desde el carácter mediterráneo y, en muchas ocasiones, con la incursión de ritmos norteafricanos y flamencos.

Precisamente tras la publicación del disco más mediterráneo -Xarq al-Andalus, 1985- Miquel Gil se separó del grupo para explorar, ya en solitario, nuevas fusiones. Ha seguido colaborando con Al Tall en homenajes y conciertos, o conciertos que más bien eran homenajes, porque Al Tall vive hoy en día más del recuerdo que de nuevas canciones.

Sin embargo, en solitario, Miquel Gil ha podido extraer todos los tonos de su voz y elaborar una música más personal y ambiciosa. Con cuentagotas publica discos sin acompañantes (Eixos, el último que ha sacado, es de 2006) porque Miquel parece estar más interesado en seguir aprendiendo en cada colaboración que en postumarse él mismo como maestro.

Admirador confeso de Branduardi, Camarón, Heno, Dissidenten, de Lucía, Los Chichos, Blades, Morente, Battiatto... la música de Miquel Gil se mueve entre lo antiguo y lo nuevo, sin sucumbir jamás al peso de la tradición. Acompañado de guitarrista flamenco, Miquel luce el cant d'estil valencià como nadie. Y si alguna canción queda más blues, no pasa nada, se deja así.

Recitar los méritos de Miquel (y cuánto daría yo por tener su voz) es infinitamente más tonto que poner una sola canción suya. Lo difícil, como siempre, es elegir la adecuada. Por tanto he escogido dos, que les traduzco con la mejor intención del mundo.

Amaga l'arbre
Anna Montero
L'amor es Déu en barca
Enric Casassas


Esconde el árbol un río
bajo su corteza
en el corazón de este desierto
del recuerdo sediento

Esconde el árbol un bosque
bajo su corteza
y es en la rendija
que dices amor
donde enraiza y vuela
en el corazón de este país
donde la memoria
se encueva en el fondo de las motas2
y germina

Bajo el sauce
se ensancha la tierra
y dentro un mundo de savia
crece con el sol
y brota con la luna


De acuerdo, no nos entendemos,
ni nos sabemos amar,
el miedo, si lo aprovechas
se torna en ceremonia.

La carta que ahora viene
ya la puedo mostrar,
el amor es ritual y
el ritual es la vida,
la vida ir tirando.

La vida ir tirando,
el amor, pan con queso,
el pan con queso es vida
y la vida ir digiriendo2.

El amor es Dios en barca,
la vida es un naufragio
en un vaso de vino blanco,
el amor es caer en la balsa
y encontrar el amor.

Me encanta Miquel Gil. Y le encuentro cierto parecido con otro personaje al que venero, Saban Bajramovic.

2 'Mota' es la barrera artificial con que se cierra o ataja el paso del agua en una acequia. Pero en el original, mot también significa palabra, así que también sería válido se encueva en el fondo de las palabras.
2 En el original, 'paint' se puede traducir por 'digiriendo', pero también por 'soportando' o 'padeciendo'. Aquí he optado por la primera por la consonancia gastronómica.

Página web oficial, donde se pueden encontrar todas las letras de sus discos.

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13 abril, 2009

La cerveza no engorda: hay que decirlo más

Que la cerveza NO engorda lo saben todos mis amigos cerveceros. Así que ¿por qué hay que decirlo más?. Pues porque el resto del mundo parece ser impermeable a tal conocimiento. Lo demuestra el gran número de bromas, chistes y expresiones hechas en este sentido. El mito de la barriga cervecera sigue estando presente, en una época donde las calorías se cuentan y recuentan, se publican en letra grande en los envases y la gente las lee con atención malsana.

Si hacen el mismo experimento que he hecho yo en Google, pero en castellano, verán que a la frase, la cerveza le acompañan más resultados si sigue de engorda que no engorda. Aunque es cierto que Google no es (aún) una herramienta de análisis seria para medir el impacto de las preocupaciones de la gente, parece que sí existe una tendencia a relacionar cerveza y gordura. Si buscan engorda, el resultado con mayor número de entradas es pan. El segundo, cerveza.


Dejemos claro esto una vez más: la cerveza no engorda. No engorda simplemente porque no tiene el potencial para ello. Una cerveza está compuesta principalmente de agua (en más de un 90%). El resto es lo que engorda y el resto consiste en el aporte de cereales secados, triturados y cocidos junto con el agua, a la que aportan sus nutrientes. Más tarde la levadura transformará los azúcares derivados del almidón de los cereales en otros compuestos orgánicos, obteniéndose así el CO2 y el alcohol: en este momento ya podemos hablar de cerveza.

Una cerveza no contiene, por lo general, grasas. El aporte calórico nutricional de la misma viene determinado especialmente por los azúcares que contiene. Por supuesto, los cerveceros nos vanagloriamos del amplio universo de esta bebida, y para esto no iba a ser distinto. Hay cervezas a las que se añade una cantidad extra de azúcar para facilitar la fermentación o producir una segunda fermentación. Hay cervezas que parten de una base mayor de extracto primo, lo cual también aumenta la 'chicha' que tiene. Hay cervezas que incorporan azúcares de frutas para darles un sabor especial... todas ellas tendrán, por supuesto, una cantidad mayor de calorías.

El alcohol proporciona 7cal/gramo (algo intermedio entre las grasas y los hidratos de carbono). Así que las cerveza con mayor graduación también incrementan su valor energético. Sin embargo, en los niveles de graduación en los que se suele mover la cerveza, la presencia de alcohol moderada mejora la digestión de otros productos.

En cualquier caso, una cerveza corriente (pilsener) aporta menos calorías por 100 gramos -en torno a 40cal- que el vino (70cal) o la leche entera (50cal) y las mismas que un zumo de naranja (no azucarado, 43cal). Cierto es, para poner las cosas en su contexto, que uno no suele beber la misma cantidad de cerveza que de vino, ni siquiera que de zumo de naranja, pero el debate no se sitúa nunca en términos de cantidades, sino de capacidad para engordar per se. En cualquier caso dejo una tabla1 para que se vea cómo, incluso a mayor cantidad de cerveza, las calorías ingeridas son comparables para estas bebidas.

Leche enteraZumo de naranjaCervezaVino
Volumen (ml)250250341105
Peso (gr) 257262360100
Calorías 15711615085

Todo esto, por supuesto, sin entrar a valorar las propiedades beneficiosas de la cerveza, sus contenidos riboflavina y niacina (vitaminas B2 y B3), calcio, potasio...

Si usted se preocupa por la cerveza ingerida, la solución es fácil: escoja un bar lejano donde tomarla y vaya caminando. Caminar lento (a 1m/s) durante 100 minutos (50 de ida y 50 de vuelta) consume 5.1cal por kilogramo que usted pese. Si usted pesa 70kg, se puede tomar sin preocupación alguna dos cervezas: al volver habrá consumido más (357cal) de lo que ha ingerido (300cal). Si, además, piensa caminar algo más en lo que le queda de día, subir escaleras, limpiar la casa y bailar foxtrot, se puede tomar sin remordimiento 4 o 5. Cómo baile usted tras 5 cervezas es un problema diferente.

Es posible que el problema de las cervezas sea otro: no se cuentan los cacahuetes que se ingieren para acompañarla. Y quien dice cacahuetes dice Pivni Syr, Weisse Bratwurst o el snack que se prefiera. En ese sentido es posible que exista una correlación entre cerveza y gordura, atribuible a la cantidad de alimentos grasos con los que se acompaña la bebida. En cualquier caso esto no es culpa de la cerveza, sino de los seres humanos: nos agrada de siempre reunirnos para disfrutar en grupo de la ingestión de alimentos, refuerza nuestros lazos afectivos y nos lo pasamos chachi.

¿Por qué es importante repetir entonces que la cerveza no engorda?. Pues porque tal teoría, enraizada en la sociedad, ahuyenta a los posibles bebedores y sobretodo porque las grandes marcas, conscientes del mercado que pierden, han empezado a sacar multitud de aberraciones en botellas horrendas, a las que llaman Cervezas Light.

Durante un tiempo han sido comunes los publirreportajes cerveceros pagados en grandes medios de comunicación, en los cuales periódicamente se redescubrían los efectos beneficiosos de la misma. (Shora le dedicó un post al tema). Pero, viendo que la masa de hoy tiene una especie de paranoia por lo natural y que sus mensajes caían en saco roto, las cerveceras han claudicado y bajado a lo más bajo: reducir la cantidad de calorías en sus bebidas.

¿Y cómo se disminuye la cantidad de calorías en en un producto, de por sí, bajo en calorías?. Pues quitando chicha o extrayendo alcohol. Las cervezas bajas en calorías son por tanto bajas también en sabor, circunstancia que contrarrestan mezclando las cervezas con cosas 'naturales' como melocotón, manzana, limón... ¡como si la malta fuera menos natural, o algo por el estilo!

Y aquí es donde quería llegar: en mi anterior post comenté que la existencia de Spezi y la Radler no me molestaban especialmente... pero no sucede lo mismo con las Light. En línea con la Ronda de este mes, me adelanto y ya doy una pista: no soporto las cervezas Light. Sus anuncios me atacan en lo más profundo, por la mentira subyacente y por lo cutres que llegan a ser en su diseño.

Por todo ello hay que decirlo más: la cerveza no engorda. No más que el 'saludable' vino, o zumo de manzana 'natural'. No nos pongan más cervezas Light en el supermercado, por favor. No es que las vaya a comprar, es que simplemente ocupan el espacio de las buenas cervezas que podrían estar en su lugar.

1 La tabla es del libro La cerveza, manual de uso. En cualquier caso, todas las que he visto por Internet otorgan valores similares a los expuestos. Lo digo por las suspicacias.

Valores nutritivos de alimentos comunes (Gobierno de Canadá)
DIETÉTICA Y NUTRICIÓN, Tecnología de Alimentos, Universidad Politécnica de Valencia.
La cerveza, manual de uso. Pedro Plasencia. (Ed. Everest)

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09 abril, 2009

Si Sedlmayr levantara la cabeza...

Gabriel Sedlmayr (hijo) ha tenido mucho que ver con la expansión de la cerveza en Munich y, por extensión, de la cerveza alemana en el mundo. Gabriel heredó de su padre -del mismo nombre, maestro cervecero- la cervecería Spaten en 1839. Junto con su hermano Joseph iniciaron una expansión comercial que les llevaría a obtener el control de la histórica Franziskaner.

Pero Gabriel no sólo debió ser un buen negociante. En su juventud inició una gira por Europa aprendiendo todos los misterios de la cerveza que su padre no podía enseñarle. Y se interesó por algo que tenía cerca: la fermentación a bajas temperaturas (lagerización). Gracias a lo aprendido, Gabriel pudo refinar la cerveza oscura bávara, dando lugar a lo que hoy llamamos cerveza de tipo Munich o simplemente Dunkel. En Viena, Anton Dreher utilizó técnicas similares para elaborar su propia cerveza lager, contribuyendo a la popularización de las nuevas cervezas centroeuropeas.

Pero... ¿qué le llamará la atención a este pionero de la cerveza si visitara hoy en día un Getränkemarkt muniqués?. Pues esto:


Esto es Spezi y, aunque lo venda Paulaner, no es cerveza. Se trata de una especie de mezcla de cola y naranjada que, por lo que me han dicho, triunfa en Bavaria. De hecho, lo tienen en todos los supermercados que visité.

En la horible botella de Spezi no acaba la cosa. Al igual que, por convención, las cervezas azules son las sin-alcohol, en Munich existen multitud de cervezas amarillas -Radler- y que, como imaginarán, incluyen el limón entre sus ingredientes. Todas las grandes marcas de la ciudad tienen entre sus productos alguna cerveza de este tipo, así que supongo que nadie quiere perder parte del pastel de consumidores.

La mezcla de cerveza con limonada no es nueva (en España era popular en el siglo XIX) pero en Alemania su popularidad no tiene tanto tiempo. Al parecer surgió de forma ocasional en 1922 para abastecer de escasa cerveza a un grupo numeroso de ciclistas sedientos. La mezcla con limonada convenció a los visitantes, que en lo sucesivo repitieron1. Radler significa ciclista en alemán.

Radler y Spezi son los últimos visitantes en el supermercado, traídos por las cerveceras alemanas. Pero en los últimos tiempos hemos visto otros: cervezas sin alcohol (y cervezas 0-% alcohol), cervezas con melocotón o manzana y cervezas light. No es mi intención criticar todos estos productos (bueno, alguno sí), pero debo confesar que soy incapaz de comprar y tomar ninguno de ellos. Así que no me pregunten si la Radler de Hacker-Pschorr está buena.

Estuve a punto de hacerlo, ¿saben?. Estuve a punto de comprar una Radler como las que ven en la foto. Sedlmayr, pensé, también fue un pionero: elaboró cerveza como antes no se había elaborado. Pero esto es muy distinto. No consiste en encontrar un nuevo método de elaboración, en aprovechar lo máximo que te puede dar el cereal, ni en trabajar los ingredientes de un modo novedoso. Consiste en mezclar cerveza con sirope. Eso no es ser cervecero.

Y pensé: "Si Sedlmayr levantara la cabeza..."

1 La historia es tan cogida por los pelos que probablemente sea falsa. No es tan difícil mezclar cerveza con soda como para que no hiciera (y fuera popular) mucho antes.

Historia de Spaten-Franziskaner: en Cerveceros Digitales
Pale Lager: wikipedia inglesa.
Radler y Spezi, también en la wikipedia.
La cerveza, manual de uso. Pedro Plasencia

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