28 noviembre, 2009

Cervezas Sin: la cerveza que no muerde

Estoy de regreso. Y para quedarme, supongo. Porque tengo contrato de alquiler por un año. Contrato de linea de teléfono e Internet por otro. Y unos muebles preciosos que espero que duren más de un año. Pero no les hablaré de mi vida en pareja, no. Vamos a la cerveza que es lo importante. Bebo bastante y buena cerveza por aquí. Por lo general no tengo muchos reparos al tomar cerveza: me gusta probar de todos los tipos sin prejuicio alguno.

Sin embargo, debo reconocer que hay ciertas cervezas con las que debo superar muchas reticencias antes de probarlas. Y que, por lo general, me decepcionan enseguida. Son las cervezas sin alcohol. Le tengo tanta manía que hasta me cuesta llamarlas cerveza.

Y, sin embargo, debo ser de los pocos. Porque, según los datos de Cerveceros de España, las cervezas Sin no han dejado de crecer en los últimos años, frente a la caída del consumo que ha experimentado la caña de toda la vida. Sea por la cada vez más restrictiva legislación de tráfico, sea la creciente cultura de lo light que nos invade, sea porque cada vez las fabrican mejor, las cervezas Sin son todo un éxito.

Pero, ¿cómo se elaboran esas cervezas que yo no me atrevo a probar?. Pues en este post se lo contamos. No ahorraré detalles, que para eso he estado un mes sin escribir.


Lo primero es concretar los términos. Para eso tenemos la legislación. En España, las cervezas sin alcohol deben contener menos del 1% en volumen de alcohol (en países anglosajones se suele indicar la proporción respecto al peso, induciendo a confusión). Las cervezas con un volumen en alcohol de entre el 1% y el 3% se consideran bajas en alcohol. Por último, en los últimos tiempos se han puesto de moda las cervezas 0.0, que no contienen alcohol en absoluto.

Para obtener cervezas de bajo contenido alcohólico se emplean dos tipos de procesos: de fermentación controlada y procesos de postfermentación.

Las más antiguas técnicas empleadas para disminuir el alcohol eran del primer tipo y se basan en controlar el proceso de fermentación. Enfriando el mosto y retirando la levadura se producen cervezas dulces de 2.5%. Al tener tanto azúcar, las cervezas son inestables y deben ser pasteurizadas. Otra opción es realizar la maceración a elevadas temperaturas, de modo que se inactivan ciertas enzimas y se obtiene mosto modificado, que, al fermentar parcialmente, produce un 2.5% de alcohol.

Dado que son las levaduras las que producen el alcohol, no sería mala idea emplear levaduras con limitada capacidad de fermentación para obtener menos alcohol. Si en vez de usar la agradecida cerevisiae usamos la más quisquillosa ludgwiggi, que no come maltosa (típicamente un 40% de los azúcares fermentables), entonces la cerveza resultante tiene menos alcohol, sí, pero también maltosa como azúcar residual, que le aporta un dulzor excesivo.

El método Barrell se basa en la fermentación de dos mostos con diferentes cantidades de azúcares fermentables. El que tiene mayor cantidad de azúcares fermentables alimenta de CO2 y aromas al segundo tanque, donde se produce una fermentación más ligera. Tras el proceso, las cervezas se mezclan en proporciones variables, dependiendo del grado alcohólico que se desea obtener. De este modo es posible bajar del 1% sin que el sabor se vea muy afectado.

Existen otros métodos de fermentación para obtener cervezas Sin, pero pasaremos a los métodos de postfermentación, mediante los cuales se puede eliminar completamente el alcohol, contentando al cuñado de turno en las fiestas navideñas.

El método más antiguo de postfermentación sirve, contrariamente, para obtener productos de alta graduación, como el whisky. Hablamos de la destilación, que evapora el alcohol, más volátil. Inevitablemente, en el proceso se pierde parte del volumen de la cerveza y también aromas. Es necesario corregir posteriormente el sabor de la cerveza por otros medios. La destilación a vacío es más compleja, pero permitiría eliminar todo el alcohol y luego reintroducir los aromas en la cerveza.

La ósmosis inversa consiste en hacer pasar la cerveza a alta presión a través de una membrana capaz de separar el etanol (más pequeño) de la mayoría de los componentes. Para compensar la pérdida de agua (que también pasa), la cerveza es diluida previamente. Este proceso es bastante respetuoso con los aromas, aunque es inevitable que ciertos compuestos se pierdan en el proceso.

La diálisis funciona con el mismo principio físico que la ósmosis. En este proceso la cerveza corre a través de un tubo. Separado de éste por una membrana semipermeable, fluye líquido en sentido opuesto. Este líquido contiene cerveza disuelta en agua. La diferencia de etanol a ambos lados de la membrana produce que éste pase al segundo tubo. La gracia de tenerlo en movimiento en sentidos opuestos es que así se impide que la concentración de etanol sea la misma en ambos tubos. Con este método puede llegar a eliminarse el alcohol por completo.

Y con esto terminamos por hoy. Yo no sé ustedes, pero a mí me duele el alma cuando repaso todos estos métodos. ¡Cómo un cervecero puede ser tan cruel para maltratar de tal modo su querido producto! Todo a costa de las ventas en los bares de carreteras...

Dado que la fermentación alcohólica es lo natural, es difícil encontrar alguna cerveza Sin que no sepa 'rara', artificial. Si ustedes la encuentran, me avisan. Y yo ya veré si me veo libre de prejuicios para probarla.

Elaboración de Cerveza. Microbiología, bioquímica y tecnología. Ian s. Hornsey. Ed. Acribia, S.A.
Cerveceros de España. Margo legal de la cerveza.

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12 octubre, 2009

CSI XVIII: Los húngaros nombran con prefijos

El reciente post acerca del nombre de nuestras futuras (o muy presentes) cerveceras dio paso, de forma natural, a pensar de qué modo llamaríamos a nuestros productos. Ya lo comenté en el blog de Chela: me gustan los nombres relacionados con la música y hay muchos donde elegir en las anotaciones de las partituras, en latín, italiano o nuestra lengua: Ad Libitum, para la cerveza tomada a la velocidad que uno quiera. Tornada (estribillo), si la cerveza es para ser tomada una y otra vez, Ritardando, para tomar despacio...

El nombre de las cosas es importante. Y, como la mayor parte de cosas importantes, suelen dar problemas. Y en informática, el nombrado de variables puede suponer todo un reto, especialmente porque cuando se hace sin cuidado puede llevar a errores de programación, cuando no a imposibilitar que cualquier otra persona entienda el código (código inmantenible).

Por cierto, una variable no es más que un espacio en memoria destinado a albergar, en algún momento durante la ejecución del programa, algún valor. Necesitamos darle nombres para hacer referencia a ese valor. Así que, ¿qué nombre les ponemos?


El caso es que no vale el primero que se nos ocurra. MaryPoppins, por ejemplo, no vale. Porque luego tienes que operar con estas variables y en el código te pueden aparecer cosas como:

PedidoOctubre = MaryPoppins[3] * OdioAMiJefe;

Eso es código inmantenible. Una risa, si no te fuera el trabajo en descifrarlo y entenderlo.

Por ello todos debemos estar de acuerdo en que el nombre de las variables debe dar pistas acerca de qué tipo de almacén estás gastando para esa variable, qué es lo que deseas guardar en ellas o qué intención tienes al emplearla. Como llamar AldolfoHitler a tu hijo: el nombre da pistas.

Las empresas serias definen una serie de reglas a la hora de escribir programas: son los coding standards (o guía de estilo). Son simples convenciones para que -entre otras cosas-, con independencia de las personas que hayan pasado por la empresa, el mismo estilo perdure. Las convenciones pueden ayudar en el problema de nombrer variables, imponiendo una serie de reglas. Algunas de ellas están muy extendidas y las emplean la mayor parte de programadores en diversos lenguajes. por ejemplo, llamar i, j, k a las variables dentro de un bucle.

Una de las Cosas que Sí se estudió en Informática es la notación húngara. La notación húngara fue creada por Charles Simonyi, uno de los grandes programadores y reciente turista espacial1. La notación húngara se caracteriza por anteponer al nombre de la variable un prefijo que nos da pistas acerca del tipo de variable que estamos empleando. El tipo de variable es la forma del almacén que estamos gastando para guardar su valor.

No voy a a explicar demasiado, porque esto da para otro post: me contentaré con poner algunos ejemplos sencillos. Una variable de tipo carácter está pensada y tiene el espacio asignado para guardar un carácter. Una variable que fuera de tipo cadena tendría un almacén asignado para almacenar una cadena de caracteres.

Entonces, si queremos almacenar un carácter en nuestro programa para guardar la preferencia de un usuario (que lo introduce mediante el teclado), declaramos una variable llamada UserOption y si empleamos la notación húngara, lo hacemos así:

caracter cUserOption;

Mediante esta linea le decimos al compilador (que es típicamente quien traduce nuestro programa a la máquina) que en algún momento tendrá que reservar un hueco en memoria para almacenar una variable de tipo caracter y que se llamará cUserOption. La 'c' usada como prefijo nos recuerda, cuando realizamos operaciones con esta variable, que se encuentra almacenada como un carácter.

La notación húngara tiene cierto sentido cuando, al operar entre variables de distinto tipo, podemos obtener problemas o resultados indeseados. Y justamente, el hecho de que se produjeran tantos errores al operar entre variables de distintos tipos dio lugar a la creación de los lenguajes fuertemente tipados, en los cuales el compilador impide realizar esta clase de operaciones. Así que la notación húngara dejó de tener sentido para muchos programadores.

Otra versión de la notación húngara sugiere que el prefijo debe estar más relacionado con la función que la variable va a cumplir que con el tipo de almacenamiento. Esta versión del invento cuenta con más adeptos, ya que no ha perdido el sentido al reforzar los compiladores el análisis de tipos. Algunos ejemplos de este uso son:

numeroentero nSandias;

Que informa al compilador de que debe guardar un espacio para almacenar un número entero. En ese espacio guardaremos el número de sandías de nuestra aplicación. De ahí el prefijo 'n'. Pero como si no hay guía de estilo, nadie tiene por qué saber que 'n' es de 'número' en vez de 'nuevas', pues resulta que la notación húngara sigue sin ser ninguna panacea.

Esta notación, sin embargo, se sigue empleando... y mucho. Porque Charles Simonyi fue fichado por Bill Gates y la notación húngara pasó a formar parte intrínseca de las aplicaciones de Microsoft, incluyendo su Sistema Operativo más popular. En los últimos tiempos, sin embargo, hasta los de Redmond se desdicen y recomiendan no emplear este sistema de nombrado en el código.

Recordar la notación húngara de prefijos me ha recordado otras notaciones algebraicas, que también tienen que ver mucho con la informática. Me refiero a la notación polaca (o infija) y a la polaca inversa (o postfija). Rápidamente:

(3 + 2) * 5 - Ésta es una operación como a usted a y mi nos enseñaron en el cole.
* + 3 2 5 --- Es lo mismo que antes en notación polaca. Lo inventó un polaco.
3 2 + 5 * --- Es lo mismo, pero en polaca inversa.


De los tres, el más útil y divertido es el de polaca inversa. Útil para algunas calculadoras, claro. Polaca y polaca inversa no precisan de paréntesis, ni de conocer las reglas de precedencia (no hay expresiones ambiguas). Eso le viene muy bien al informático para realizar cálculos. En polaca inversa, cada vez que se encuentra un operador, se realiza el cálculo indicado: los operados habrán sido leídos anteriormente (o hay un error en la expresión).

La polaca inversa tiene desventajas. Los espacios en las expresiones son de vital importancia para no confundir la expresión. Y como no se enseña en las escuelas ni se aplica sobre el papel, su uso está muy limitado.

Pero sirve para entender el chiste de arriba (cortesía de xkcd, como no). Ante ustedes, ¡un sandwitch de salchicha polaca inversa!

1 El más famoso turista espacial relacionado con la informática es Mark Shuttleworth, empresario instigador de Ubuntu.

Notación Húngara: por Charles Simoyi.
Notación Polaca (wikipedia inglesa)

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04 octubre, 2009

Independencia es hacerse la comida

Y comprarla, y fregar platos, poner lavadoras y planchar ropa y limpiar la casa... todo junto y no sólo de vez en cuando. Independencia es escoger los colores de casa y las sábanas de la cama.

En España, la edad a la que los 'jóvenes' se emancipan (se independizan) es en torno los 30 años: una de las edades más altas de la Unión Europea, y probablemente de todo el mundo. De los que lo están, más de un 60% dependen de sus padres.

Las razones de que algo tan vergonzoso suceda en un país que presume de ser la octava economía del mundo son muchas. Fundamentalmente, una economía precaria que mantiene en paro o con contratos temporales -y precarios- a un gran porcentaje de jóvenes. En épocas de bonanza económica, la tasa de paro entre jóvenes españoles podía acercarse a la de la UE15 (datos 2006). Pero a las primeras de cambio, cuando la crisis asoma la cabeza, la tasa se dispara. De hecho, de 2007 a 2008, la tasa de paro entre jóvenes de 20 a 24 años subió del 15.13 al 20.4% y del 9.15 a 13.6% en jóvenes de 25 a 29 años1. Casi la mitad de jóvenes en la Comunidad Valenciana (donde vivo) tiene trabajo temporal. Como yo.


Por otro lado, es vox populi que gran parte del crecimiento español de la segunda mitad de los noventa y principios de siglo se ha basado en el incremento de la construcción, que ha llegado a superar a la de Reino Unido, Alemania y Francia juntos. Los precios de los pisos fueron creciendo y muchos empezaron a ver la vivienda como una inversión, o como un bien especulativo. Mientras que los precios de la vivienda subieron un 80% desde el año 2000, el salario medio apenas ha subido estos años (¡y el valor real de este salario ha descendido! -fuente-).

Otro dato: en Valencia en el año 1995 (un año después de comprarse el piso en el que vivo ahora) el precio de suelo estaba en torno 466€/m2. En 2008, cuando la burbuja inmobiliaria tocó techo, estaba casi 4 veces más caro, a 1634€. De hecho, el piso de mis padres costó 8 millones de pesetas. Hace un par de años pedían casi 40 millones por uno de la misma finca. En 15 años no se ha multiplicado por cuatro el salario (ni por 2), excepto el de algunos listos.

Si hablamos de jóvenes, la cosa empeora. El salario medio de un mileurista es de 14000 euros. Entre 15000 y 16000 euros han cobrado la mayor parte de mis compañeros de carrera en sus primeros trabajos. Y estamos hablando de ingenieros, con una formación de 5 años. La ganancia media de un joven entre 25 y 29 años es de 16,320€3. Con estos datos, no es de extrañar que el Consejo de la Juventud de España cifre en un 83% el porcentaje del sueldo que un joven debería dedicar si quisiera adquirir una vivienda de precio medio (210000 euros).

Me da la impresión de que el poder adquisitivo de los jóvenes no ha mejorado nada en los últimos... ¿15 años?. Por supuesto, no se puede argumentar que la subida monumental de los precios de compra de vivienda libre impide la emancipación de los jóvenes. El alquiler es una (¿la única?) opción muy respetable, pero lo cierto es que en España el alquiler todavía se ve con malos ojos (es tirar el dinero, una vez dejas de pagar no tienes nada...) y que la propiedad de un piso todavía otorga cierto status.

Hay más factores que juegan en contra del alquiler: lo que llaman picaresca española y no es más que hijoputez. Aprovechar las cada vez más difíciles de conseguir ayudas al alquiler para jóvenes para tratar de aumentar el precio del inmueble. Y voy un poco más lejos, los jóvenes, que tontos no son, ven como la casa de cuatro habitaciones y 110 metros cuadrados que costó pagar a sus padres 10, 15 años, sólo la van a obtener pagando durante más de 40 años... y siempre que se abstengan de viajar cada año al extranjero, realizar cursos de idiomas, salir todos los fines de semana... vamos, como tuvieron que hacer sus padres.

Eso, y cocinar, hacer la compra, fregar, planchar, pagar facturas... lo dicho, que los jóvenes de hoy tontos no son.

Y yo, que tengo 26, y supero el nivel de ingresos de los jóvenes de mi edad, que vivo con comodidades cerca del mismo lugar donde trabajo y estudio, que puedo viajar cada año, salir cada fin de semana, probar nuevas cervezas con regularidad... y que de tonto tengo lo justo y necesario para no ser uno de esos listos que se aprovechan de las necesidades ajenas... ¿por qué me marcho a vivir a un piso de alquiler, apartado, pequeño, antiquísimo y sin ascensor?. (Un piso precioso, por otro lado, que buen gusto tenemos todos).

¿Por qué?.

Porque creo que es importante. Cocinar, hacer la compra, fregar, planchar... y un montón de cosas que surgirán sin que me las espere. Valerse uno mismo, pagarse las facturas, escoger edredón. Aún 'perdiendo' dinero con ello.

En mi loca, loca huida arrastro conmigo a una bella joven de 22 años. Lo cual es también una buena razón: se trata de una aventura compartida. Es posible que sea una aventura modesta, pero al menos es nuestra aventura, escogida como tal de principio a fin.

¿Y cómo acaba? Eso no lo sabemos. Sabemos, exactamente, cómo empieza. Con una cena en una pequeña casa que mira al mar4. Hay una botella de cerveza para celebrarlo, una Nogne Dark Horizon (segunda edición). Lo que sigue, se improvisa.

1 Fuente: Instituto Nacional de Estadística. Tasas de paro por sexo y grupos de edad (2008).
2 datos del Ministerio de Vivienda.
3 INE, Encuesta de estructura salarial 2007.
4 El Cabanyal es el primer barrio donde viví. Es un pueblo histórico, hoy tristemente degradado, que podría ser precioso si los listos del ayuntamiento no pretendieran dar el pelotazo a su costa.

En Silicio es un maravilloso de un ex-alumno de la UPV, donde estudié y trabajo.
Publicaciones del Consejo de la Juventud de España.
Instituto Nacional de Estadística

25 septiembre, 2009

La Ronda #16: El nombre de mi cerveza

La Ronda XVI me ahorra un futuro post, el de explicar a todo el mundo por qué el nombre de mi cerveza es el que es. Porque yo deseo hacer cerveza. Y si me pudiera ganar la vida con ello mejor. Y que así sea.

La propuesta, que viene de Jorge, reza así:

Para la Ronda Cervecera de septiembre, vamos a cerrar nuestros ojos e imaginar que tenemos una cervecería instalada, contamos con la mejor maquinaría, los más excelsos insumos, un maestro cervecero de clase mundial a nuestro servicio y la cerveza es un elixir divino... pero nos falta la identidad de nuestro producto, lo que la diferencia a primera vista de las demás:

¿Cuál nombre le pondrías a tus cervezas? y ¿por qué?


El Tigre y el Cernejo

Recuerden este nombre. Porque en un plazo de 5 a 55 años, se convertirá en la cerveza más bebida en toda España, media Portugal, parte del extranjero, y en la Estación Espacial Internacional, si acaso allí se permite el consumo de alcohol. Y en las colonias lunares, si el gusto de probarla supera el coste de la energía necesaria para transportar una botella de 33cl a millones de kilómetros de distancia.

Y la gente del mundo mundial, tras disfrutar de sus matices y destellos, asombrarse con sus complejos (intensos y sucintos) aromas, paladear con placer sus notas de sabor, que se entremezclan y confunden como las de un Canon de Bach, como la lana de las alfombras persas, se preguntará. ¿Y por qué El Tigre y el Cernejo?.


Ustedes aún no tienenen la fortuna de probar la cerveza que elaboraremos, pero se pueden sentir afortunados de conocer, antes que nadie, el origen de tan extraño nombre. Permanezca bien atento porque no lo volveré a explicar: el misterio envolverá a la mejor cerveza del siglo XIX.

El Tigre y el Cernejo es una inspiración surgida de la confusión y la tontería supina. Una inspiración que nació en Praga. Visitando, como estábamos, distintos locales cerveceros de la ciudad. Nos gustó el famoso U Zlateho Tygra -el tigre dorado- (aunque hay quien guarda de allí malos recuerdos, y parte de razón tiene) y nos gustó aún más U Cerneho Vola -el buey negro-. De hecho repetimos visita al buey para beber su Kozel negra de barril.

La cuestión es que ignorábamos qué significaba Cerneho. Pero sabíamos algo. Sabíamos que el cerneho vola (vuela, en catalán, la lengua que hablamos). Y claro, algo que vuele tan sólo puede ser algún tipo de pájaro...

Elemental.

¿Que clase de pájara nos pudo llevar a la conclusión de que el checo vola es el catalán vola?, se preguntará usted, no sin cierta razón. La respuesta está en la cerveza. En la fermentación alcohólica, quiero decir. A toro pasado, a buey pasado, es muy fácil adivinar que el nombre del local guarda relación con la cerveza que en él se servía. Pero no somos tan listos (aunque hagamos la mejor cerveza). El caso es que, en Praga, nos venía una y otra vez un mantra a la cabeza, a la manera de inspiración divina: el tigre tygra y el cerneho vola.

Por supuesto, cernejo no significa absolutamente nada, aunque sí que existe un arbusto denominado cornejo. Pero El Tigre y el Cornejo es un nombre ridículo. En cambio convendrán conmigo que El Tigre y el Cernejo es un nombre poderoso. Y quien diga lo contrario no sabe de nomenclatura.

El nombre de la cerveza, de nuestra cerveza, quedó claro desde entonces. El Tigre y el Cernejo, el tigre rampante, en todo su poderío, frente al cernejo volador, sobre un fondo de malla. Ese es el glorioso escudo de armas de nuestra cerveza (que apañé con el gimp la semana pasada). Nuestro enseña heráldica, nuestra imagen local, provincial, autonómica, estatal, internacional y aeroespacial. Cerveceros.

Ojo al dato, no cerveceros artesanales, no cerveceros ecológicos ni tradicionales. Todo eso y mucho mas: cerveceros. Eso queremos ser de mayores.

Espero que con esto queden resueltas sus dudas. A partir de este instante, el mito y la leyenda.

El logo está hecho con el Gimp 2.6. Busqué tigre rampante en google y salió esto. Y busqué pájaro, también. Pero el pájaro lo hice yo.

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13 septiembre, 2009

Emperador a la salsa de cerveza

Tiempo para escribir no tengo mucho. Comer, sin embargo, siempre es necesario. Y comer bien, mucho más, añado. El caso es que hace poco llegó a casa propaganda de una conocida marca de salsa de soja acompañada de recetas en las que emplearlas. Una de ellas incluía cerveza y el resto no. Adivine el sagaz lector cuál fue la primera que que hicimos. Pues eso. La receta no puede ser más sencilla y el resultado es espectacular.

Emperador a la cerveza

  • 1 cebolla picada
  • 1/2 cucharada de harina
  • Perejil
  • 2 cucharadas de salsa de soja
  • 150cl de cerveza
  • 1 diente de ajo picado
  • 8 Almendras
  • Filetes de emperador (para 2-3 personas)


Sofreir la cebolla, hasta que quede transparente. Añadir entonces la media cucharada de harina, la salsa de soja y la cerveza. Se remueve bien mientras reduce. Añadir luego el perejil troceado, las almendras picadas y el ajo (que no debe quedar ni crudo ni demasiado hecho, que si no da mucho gusto).

Cuando la salsa esté ligada, retirar, hacer a la plancha el emperador y servirlo con nuestra salsa de cerveza. Por supuesto la salsa se puede emplear para acompañar otros platos, como unas albóndigas de carne, por ejemplo. Combina el amargor de la cerveza con el dulce de la cebolla y la soja y la relación bueno/fácil de hacer es insuperable.

¡Ya me contarán si lo prueban!

La propaganda y origen de la receta es de la salsa de soja Kikkoman, que es mi preferida.

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