18 noviembre, 2007

Las cervezas trapenses (I): historia de La Trapa

¿Cuál es mi cerveza favorita?. Bien, está claro que eso no existe como tal. Podría citar una cuantas. Sin embargo, todos solemos recordar con especial cariño nuestros primeros pasos en el mundillo: la primera cerveza que nos sorprendió, la que pedíamos con frecuencia y recomendábamos a quien nos quisiese escuchar. Me parecía la mejor de mi pequeño mundo cervecero. En mi caso, ésta fue la La Trappe Dubbel.

Pronto descubrí que esta cerveza, además de su sabor, tenía un hálito mágico: era una cerveza trapense, elaborada en un monasterio bajo estrictas normas. Pronto conocí otras cervezas trapenses: Chimay y Westmalle. Más tarde llegaron Rochefort, Orval y Achel. Finalmente probé Westvleteren. Todas me encantaron. Pero, ¿qué significa cerveza trapense? ¿qué ha de tener una cerveza para que se le pueda llamar de este modo?.

Por suerte, la página trappistbeer.net resuelve éstas y muchas más dudas. Aquí inicio una serie de posts/traducciones que, tranquila y reposadamente -al modo más monástico posible- nos acercarán al misterio de los monjes trapenses.


Historia de la Orden de la Trappe

En 1098, un grupo de personas tomaron una profunda decisión. Eran monjes cluniacenses en busca de Dios. Los cluniacenses habían nacido como reforma de la Orden Benedictina. Ésta se había ido alejando progresivamente de la regla de San Benito, promulgada cinco siglos antes, que regulaba la vida monástica de forma ascética. Habían acumulado enormes riquezas y se alzaban como una de las congregaciones religiosas más poderosas1. La Orden de Cluny se creó en el 909, reformando la vida monástica.

Sin embargo cuando el poder de los cluniacenses fue en aumento, Roberto de Molesmes, abad de la abadía del mismo nombre, toma la decisión de proseguir la reforma y fundar una nueva orden en Cîteaux (Francia) que verdaderamente tome en cuenta los principios de San Benito: silencio, humildad, obediencia y pobreza, compartiendo vida y estudio con otros monjes. El movimiento iniciado por este hombres desembocó en la creación de la Orden del Císter.

Los padres fundadores de la orden y primeros abades fueron tres: Roberto, Albéric y Esteban. Bajo la dirección de éste último se promulgó la Carta de Caridad, en en la que se establecían las normas comunitarias de total pobreza, obediencia a los obispos, dedicación al culto divino (con dejación de las ciencias profanas) y demás estatutos de la orden.

En 1112, Bernardo De Fontaine se sumó a la orden junto un grupo numeroso de familiares, adquiriendo pronto gran influencia en el monasterio. Quizá para apartarlo del mismo, 3 años después, el abad encomendó a éste y a su grupo de confianza la fundación de nuevos monasterios, entre ellos el de Claraval, del cual fue nombrado abad Bernardo.

El trabajo de Bernardo de Claraval a lo largo de la primera mitad del siglo llevó a los cistercenses a ocupar una posición de privilegio dentro de la Iglesia, imponiendo su doctrina teológica, de la cual Bernardo de Claraval era ariete. Místico e inspirador de las órdenes religiosas militares (como la del Temple), su influencia es decisiva en la II Cruzada. Fundó directamente 68 monasterios. De uno de ellos salió Eugenio III, discípulo de Bernardo y primer Papa cistercense. En estos lugares, apartados de núcleos urbanos pero cercanos a ríos para permitir el cultivo de sus productos, se observaba la dura regla que hizo enfermar al joven Bernardo cuando ingresó.

En los siglos posteriores el poder de los cistercenses fue en aumento. Fueron frente en la cruzada contra los albigenses2. Pero la observancia de las reglas decayó en favor de cada vez un mayor esplendor de los monasterios y opulencia externa. En el siglo XVII el movimiento cistercense se dividía entre la asunción de la relajación de las reglas o la vuelta al ascetismo primitivo.

Entre los partidarios de esto último estaba Armand Jean Le Bouthillier de Rancé (1626-1700). Abad del monasterio de La Trappe (Soligny, Francia), en 1666 inició su reforma, renunciando a las dispensas otorgadas por la Santa Sede.

Rancé tenía una concepción ideal de la vida monástica, mucho más dura que la que deseaban para sí los padres de otras abadías cistercenses. Con la resistencia de estos, Rancé desarrolló una regla austera, interpretando de nuevo los principios de San Benito. La comunidad de La Trappe permaneció independiente: habían nacido los primeros trapenses. Más tarde, Dom Augustin de Lestrange ingresó en la abadía y asumiría su dirección.

En 1790, como consecuencia de la Revolución Francesa, se prohíbe el ingreso en una orden religiosa. Entonces De Lestrange decidió exiliar su comunidad para protegerse en el monasterio de Val Sainte (Suiza). Desde allí inició su extensión bajo el reconocimiento del Papa, que llegó en 1794, proclamándolo abad de la orden de Citeaux y de la congregación de La Trappe.

El exilio persistió en otros países hasta que la situación se regularizó con la abdicación de Napoleón y, en torno a 1815, los monjes pudieron regresar a la abadía de La Trappe. En cuanto a la vida en el monasterio bajo el mandato de Dom De Lestrange, hay que decir que ésta era sumamente dura. El día se dividía en oración y trabajo, preferiblemente manual. Los monjes no hacían voto de silencio, pero éste debía imperar a menos que fuese necesario romperlo. La carne estaba prohibida y limitada a apenas algo de pescado. Las posesiones personales eran escasísimas. El contacto con el exterior también era muy reducido. Dom De Lestrange fue requerido en Roma para responder a las acusaciones de haber endurecido demasiado la norma. Sin embargo, no se puede negar que su acción salvó a los trapenses de desaparecer en Francia.

En 1836 una rama de la congregación se separó en Bélgica. En 1847 la abadía de Sept-Fonts crea una segunda congregación francesa. Por tanto coexistían tres congregaciones de trapenses con normas ligeramente diferentes. Al final del siglo XIX sus intentos para unirse fructificaron. El Papa Leon XIII acuerda la consagración canónica de la Orden de los Cistercenses de la eStricta Observancia -más conocida como orden de La Trapa- el 8 de Diciembre de 1892.

Hoy en día se calcula que existen 170 monasterios trapenses en el mundo, con unos 2500 monjes y 1800 monjas en ellos. Sólo 7 elaboran cerveza que venden bajo un sello hexagonal.
Pero de la relación de los monjes y la cerveza hablaremos más adelante...

1 Se toca el conflicto entre la riqueza de los benedictinos y su influencia en el siglo XIV en el excelente El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco.
2 Rosa Montero se toma la licencia creativa de mezclar a Bernardo de Claraval con la persecución de los cátaros en su libro Historia del Rey Transparente. En realidad, los cátaros fueron declarados herejes años después de la muerte de éste. Por cierto que, en el libro, Bernardo es malo malísimo.

Trappist Beer. Portal de la cerveza trapense. (Imágenes tomadas de aquí).
Wikipedia. Orden de Cluny, Orden del Císter, Orden de La Trapa. (También en inglés y francés).

5 cosillas:

Anónimo dijo...

Hola Delirium!
Como siempre interesante post pero... queremos ya cerveza!
Solo un pequeño comentario: no sería en 1908 cuando los monjes tomaron tal profunda decisión, sino en 1098.
Saludos y hasta otra!

Delirium dijo...

Corregido está. Muchas gracias y más cervezas.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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