09 marzo, 2009

Me voy a Munich: ¿qué debo visitar?

Este mes escribiré poco... y la única buena razón será esta.

Pues sí amigos cerveceros, me voy a Munich. A visitar al amigo Pinar. Y la ciudad claro, que recién esta semana inauguró la temporada de las Märzenbier (cervezas de marzo). Y nosotros con las Fallas bebiendo horchata...

[...algún día trataré de explicar lo que siente el valencianito de a pie cuando llegan las fallas...]

Sólo estaré tres días enteros en aquellos fríos lares: del 19 al 21. Por supuesto visitaremos los monumentos más importantes de la ciudad, dentro de nuestro escaso margen. Y, claro, estando tan poco tiempo, no me perdonaría no haber sabido elegir un gran restaurante, fábrica de cerveza o brauhaus de esos que no te puedes perder.

Así que, además de consultar en las guías (que lo haré) pregunto a la comunidad cervecera mundial que casualmente esté leyendo este post: ¿alguien ha estado en Munich? ¿qué lugar de interés cervecero no puedo dejar de visitar en Munich?

Gracias a todos (aunque sea por haber llegado hasta acá).

04 agosto, 2008

De cervezas en Praga (y II)

Este post tiene una primera parte...

Y Max nos dijo: ¿Habéis estado en Pivovarský Klub? ¿no? ¿y en Pivovarsky Dum? ¿tampoco?. No puede ser. Vamos... pero antes a almorzar.

Y nos fuimos a almorzar. Conviene aquí decir que los checos almuerzan bien, y es la comida más fuerte del día. Una sopa consistente, un filete con puré de patatas, un par de buenas cervezas, tajada de sandía y, como colofón, un chupito casero de licor de ¿era ciruela? que nos puso en posición de salida: no eran ni las 12 del mediodía. Todo esto sucedió, por cierto, en una hospoda de Zizkov, el barrio al este de Praga, bastante menos turístico que la parte vieja.

Tras ello nos dirigimos de nuevo a Praga 2 para visitar el maravilloso Pivovarský Dum, donde se encontraban elaborando cerveza, a tenor del olor y el calorcito que desprendían las cercanas calderas. Allí probamos la especial negra, una cerveza de trigo, amarga cerveza de ortigas (que olía a puro campo) y cerveza con café. Que sabía a café. Y quizá alguna más.


Y con este fenomenal arsenal nos despedimos de nuevo de Max. Nuestro día no terminó ahí porque, con el corazón alegre, nos encaminamos a Ferdinanda, hospoda situada en en una de las calles que salen de la plaza de Wenceslao. Tiene una cerveza svetlý lezák bien tirada y sabrosa. No pedimos más de una cada uno, eso sí.

Allí nos pusieron, además de nuestro amado queso de cerveza, un plato de pollo con queso realmente bueno... pero que no habíamos pedido. Eso sí, como teníamos el corazón alegre pagamos sin más y nos dirigimos a quemar lo quedaba de tarde.

Y llegó el último día, donde por tercera vez quedamos con Max, esta vez para despedirnos y recibir un embotellado recuerdo de la visita. Tras la despedida, nos encaminamos en nuestro último día de ciudad al último y más necesario destino cervecero en Praga (a nuestro juicio): Pivovarský Klub.

En Pivovarský Klub disponen de seis grifos de cerveza que van rotando periódicamente, cada uno con alguna especialidad procedente de microcervecerías o elaboradas en el propio Pivovarsky Dum. Las paredes del local se encuentran atestadas de cervezas -la mayor parte checas-, que uno puede recoger mientras almuerza. Entre los platos que pedimos, el omnipresente queso de cerveza, un queso ahumado buenísimo y unas tostadas fritas con ajo, pollo y salsa rosa.

Por supuesto, probamos todas las cervezas de barril (y aquí sí que anoté nombres y sensaciones), pero yo quiero resaltar la Zvikoská 13º, una cerveza negra con aromas de café y tostados a copa parada, pero que al remover muestra plátano y toffee. Al probar sucede al contrario: dulce primero y retrogusto a café y frutos secos. La Kvasar 15º, cerveza de miel, resulta ser lo contrario a lo que uno espera: muy amarga al final, con mucho lúpulo, poco dulce y con un punto de miel muy al final del olfato y gusto. La única un poco más decepcionante, Platan Premium.

Tras varias horas en el local, degustando cervezas y platos, pasamos a la recolecta: nos llevamos una Castulus, una Bernard Cerné, una Pardubický Porter y una Red Dark (recomendadas por Max, excepto la última, que nos ofreció el camarero). Además me llevé a casa una Celis White a la que le tenía ganas, después de mi último post1.

Y así, cargados y con el corazo... bueno, un poco borrachos, nos fuimos a pasar las últimas horas en Praga.

Para ello subimos al monte Letná, acudimos a un Biergarten en lo alto de la colina y dejamos pasar las horas mientras bebíamos en vasos de plástico una intomable Gambrinus 10º, que en ese instante nos sabía a gloria.

Y esa es la crónica cervecera del viaje. Faltan muchas cervezas que también probamos, pero ya en la intimidad del apartamento, para cenar. De entre todas ellas, compradas en supermercado (donde los precios oscilaban entre los 10 y los 20 coronas por cerveza) la más especial quizá fuera la Primátor 24º, que era casi una especie de caramelo de regaliz. En general toda la serie de botellas de Primátor (Premium, 13º, 16º y 24º) nos han gustado, y hemos traído unas cuantas más para casa.

No sólo hay sitios que hemos probado: también hay muchos, que, pese a tener marcados, no hemos podido visitar. Entre estos, la muy turística U Fleku, donde tienen un pequeño museo de historia de la cerveza y elaboran una única cerveza. Tampoco entramos a Malostranká Pivnice (junto al museo de Kafka) ni a Dobrá Trafika, pese a que pasamos por delante. Ni a la Pivní Galerie ni Svijanský Rytír, para los que no encontramos tiempo. Pero bueno, todo no se podía. Espero que si ustedes viajan a Pragan lo hagan y me lo cuenten.

La crónica de cervezas probadas no acaba en Praga, sino en Valencia y en casa o con nuestros amigos. Trajimos 13 cervezas de allá y ya las hemos probado casi todas. Algunas no merece la pena mencionar. Mención especial para Castulus cerveza caramelizada y con un poco de gusto a miel, bastante compleja (aunque muy ligera). También la espléndida Porter 19º de Parduvice. Si la quieren asociar a algún tipo de Porter deben hacerlo a más a una Porter báltica que a una inglesa. Sin embargo, coincidiremos en que eso no importa. Es una cerveza compleja pero bien equilibrada. De malta oscura y caramelizada presenta aromas a azúcar moreno. Sin embargo, aunque tiene un retrogusto dulce, no se pasa y compensa con un delicado amargor. De esta cerveza sí que podría beberme un par, al contrario que de la Primátor 24º.

Decir que nos ha sorprendido muy gratamente toda la serie de Primátor. Encuentro una estupenda cerveza de sesión (ahora que viene el mes) la Primátor Svetlý. La Weizen es una maravilla y, tras probar cervezas de trigo checas y cervezas de trigo alemanas, me quedo con las checas. No son tan cítricas y poseen mayor cuerpo. Además, se libran de los aderezos belgas, lo cual también se agradece a veces. Es una lástima que Primátor, que es una cerveza que puede conseguirse aquí, no haga llegar sus cervezas de supermercado checo al supermercado España.

En resumen, un viaje... digamos entre 30 y 40% cervecero. Si cuando pasé las vacaciones en Bélgica volví más belga, ahora he vuelta más checo. Hay que dar las gracias a Max por ello y ya estamos discutiendo el modo. Y por supuesto Max, estás invitado para cuando viajes por acá.

Al resto de gente, si Praga está en sus planes, no lo duden: disfrutarán de una auténtica experiencia.

Na zdraví!

1 ¡Culturilla Cervecera se me ha adelantado al probarla!

Posts relacionados

03 agosto, 2008

De cervezas en Praga (I)

No, se han equivocado: si buscan información acerca de qué cervecerías visitar en la capital checa para su viaje, el blog que están buscando es éste. Este post es para narrar mi experiencia cervecera en Praga, ciudad que visité en mis propias y merecidas vacaciones. Porque Praga, además de ser una ciudad muy hermosa (como espero demostrar en otro post) es una ciudad para vivir una gran experiencia cervecera. Sobretodo si vas guiado por Max, el filósofo cervecero.

Nuestra intención, por supuesto, no era tan sólo visitar cervecerías (que allí se llaman por lo general hospodas o pivnices1). También era ver la ciudad. Así que tratamos de combinar ambas cosas: creo que lo hicimos con éxito. Con algunas de las cervecerías tuvimos más suerte y con otras no tanto, pero desde luego nos lo pasamos genial. Principalmente porque lo que hicimos nada más llegar fue llamar a Max y al día siguiente ya estábamos en...


Filosofando y delirando: crónica de un encuentro cervecero en Praga

Pero antes, una pequeña reseña de cómo va el tema de las cervezas en Praga. La República Checa es el país que más cerveza consume del mundo mundial. Por persona se consumen unos 156.9 litro al año, y sacan más de 20 litros al segundo (Irlanda). Para que se hagan una idea, casi doblan a los españoles (con 83) que ocupan una honrosa duodécima posición.

Por supuesto, consumen esa cantidad porque hay mucha gente que no bebe, porque si no no me salen las cuentas. Lo normal en cualquier pivnice era contar al menos tres rallas largas por persona. Esto indica que se han consumido tres cervezas de medio litro, la medida estándar de la cerveza común checa, Svetlý o Cerný2. Por cierto, ya que me lo ha preguntado mucha gente, el precio de la cerveza allí es barato si la jarra te sale por 30 coronas o menos. Caro si sale por más de 50. Esto significa que el medio litro sale entre poco más de un euro y menos de dos.

Entre otras cosas te salen esas cantidades de cerveza por persona porque, con la complicidad del cliente, es más sencillo tomar una nueva cerveza que no hacerlo. En cuanto uno ha vaciado el vaso, lo más normal es que el camarero lo recoja y lo vuelva a llenar. Es decir no hay que hacer gesto para pedir, sino para negar. Según nos contó Max, el truco está en solicitar la cuenta antes de que se acabe la cerveza. Así que no es extraño que nosotros, que ni de lejos acostumbramos a beber tales cantidades, que íbamos en pareja y que pretendíamos ver la ciudad sin ir a gatas, bebiéramos 'poco' y nos saliese el viaje a una media de unos dos litros al día. Y ahora vayamos ya a por el encuentro cervecero.

Max no tiene precio como guía: esto significa que no se le puede pagar porque al ritmo que va es imposible tratar de contemplar las bellas calles de Praga mientras anda. Nos tomamos la primera en Krusovická Pivnice, donde la cerveza no destaca especialmente sobre cualquier otra de Praga, pero nos sirvió de punto de encuentro. Salimos y, en un momento, habíamos recorrido andando dos estaciones de metro, subido a uno, bajado, subido a un tranvía y bajarnos para plantarnos en...

Pivovar U Bulovky. Donde elaboran su propia cerveza. Maravilloso el local desde todos los puntos de vista. Y tremendo el goulash, la mejor comida que probamos en todo el viaje. Max se tuvo que ir pronto, pero nos dejó con una cerveza de miel con aroma y gusto a manzana3 tan buena, que a nosotros nos daba auténtica lástima abandonar el local. Pero había que regresar a Praga.

El resto de días, ya por nuestra cuenta, visitamos U Cernéhu, situado en la misma plaza de la iglesia de la (cara) iglesia del Loreto. En U Cernéhu, dependiendo de la hora, los turistas se mezclan con la población local, aunque no es raro ver a algunos turistas que, tras contemplar el panorama de las mesas compartidas, huyan a algún lugar menos local. En cualquier caso tienen menú en inglés, en español y supongo en otras lenguas.

Esta pivnice fue de las que más nos gustó y donde descubrimos el queso Romadur en escabeche. Lo acompañamos de unas cuantas Kozel oscuras de barril (que fue una de las cervezas que más nos gustaron). En la misma zona se encuentra la hospoda del monasterio de Strahov, donde elaboran su propia cerveza. Por desgracia, cuando otro día acudimos a ella, estaba reservada por fiesta privada. Así que regresamos a U Cernéhu, para probar entonces el Hermelin en escabeche con ajo y el embutido checo con vinagre.

[Como se ve, los checos son de sabores fuertes. No es raro encontrar muchos platos acompañados de vinagre, cebolletas o largas guindillas. Estos sabores, evidentemente, pegan a la perfección con las cervezas Svetlý]

En Josefov, el barrio judío, visitamos la hospoda U Rudolfina, donde además comimos pato con los famosos dumplings -migas de pan gomosas- y cebolla. La cerveza (solo rubia Pilsner Urquell tanková), eso sí, nos dejó un poco insatisfechos.

En Staré Mesto -la ciudad vieja- conseguimos (al segundo intento, porque no abren por la mañana) visitar U Zlatého Tygra, archiconocido por turistas por ser el lugar que visitó Bill Clinton en busca de una cervecería auténtica checa. La cosa allá funciona de la siguiente manera: te sientas y te ponen una cerveza. No hay preguntas. No hay menos de medio litro. Si lo acabas y miras al camarero sin querer te ponen otro. Y así sucesivamente. La cerveza, tan sólo Urquell tanková, es agradable, pero sin pasarse: hecha para tomarse unos dos litros sin problemas. Así que no fue por la cerveza que recordaremos toda la vida U Zlatého, no. Fue por que allí conocimos el queso de cerveza, plato fundamental de los pivnices checos, que no hemos tardado ni dos días en reproducir en España una vez hemos regresado. Pero eso se contará más adelante.

También en pleno centro y muy cerca de la plaza de Wenceslao (al lado de la única farola cubista del mundo) está U Pinkasú. El lugar es preferentemente turístico, pero sólo si uno se quedan en la terraza. Dentro, uno comparte espacio con los habituales checos. La cerveza (Kozel de barril) no está mal, pero la venden cara. Así que no pedimos nada más.

Y en esas estábamos cuando, a falta de dos días para regresar, quedamos de nuevo con Max.

Pero eso queda para la segunda parte, que este post queda muy largo.

1 En las hospodas se sirve, además de cerveza, comida caliente, de cocina. En las pivnices también hay tapas, pero frías o muy sencillas.
2 Svetlé es la cerveza rubia común en Praga, normalmente entre 12 o 10 grados Balling y bien lupulizada. La Cerné es la cerveza negra, más dulce pero de idéntica graduación. Por cierto, lamento no poder poner todos los acentos como corresponden, pero mi teclado está bastante limitado en ese sentido.
3 La verdad, no anoté los nombres de cerveza ni unas breves notas de cata de cada una. De normal no lo hago, me gusta beber sin más y más si estoy acompañado. Sólo lo hice el último día ¡tras pensar que luego debería escribir acerca de ello!. Así que lo lamento si las descripciones quedan pobres: fueron demasiadas distintas en pocos días.

Posts relacionados

22 septiembre, 2007

Bélgica: país de cervezas

Bélgica es el paraíso de las cervezas. Eso no significa que sea el país donde el consumo por persona es mayor. En eso suelen moverse entre la quinta y séptima plaza, con en torno a 95 litros por persona al año (en España se beben sobre los 80 litros, el consumo ha ido aumentando en los últimos años). Bélgica es el país con más cervezas por habitante del mundo: produce unas 500. Variedades.

Eso no quiere decir que en otros países no existan muchas otras variedades y estilos. El Reino Unido tiene una tradición muy grande en cervezas de muchos y variados tipos. Alemania cuenta con una producción mundial de cerveza que multiplica por 8 la belga y cuenta con grandes variedades propias de cerveza. La República Checa también es un país amante de esta bebida (están a la cabeza del consumo mundial per capita)... pero sólo en Bélgica la cerveza es una enseña del país. Sólo en Bélgica he visto cómo las tiendas para turistas disponen de una selección de cervezas para llevar de regalo. En el aeropuerto, en los kebaps, en pequeñas tiendas que aquí llamamos ultramarinos... se encuentran más cervezas de las que yo he visto aquí, excepto en grandes superficies y cervecerías especializadas.

Pues bien, he estado en Bélgica y el viaje da para tres posts: de momento éste es primero y contiene fotos del mundo de las cervezas...


¿Qué hacer en Bélgica si eres amante de la cerveza, has viajado con RyanAir (limitación de 15 quilos por equipaje) y sólo vas a visitar grandes ciudades? (Porque algún día pretendo irme con una camioneta alquilada y visitar cada fábrica y monasterio donde se elabore cerveza). Por cierto, en Bélgica es común reciclar las botellas, así que de normal no te las sirven en los bares. Esto, para un coleccionista de etiquetas, es algo terrible.

En Bruselas es OBLIGATORIA la visita a la fábrica de Cantillon. De ella hablaré más adelante, porque quedé encantado: se trata de la única fábrica artesanal de cerveza situada en una ciudad. Elaboran cerveza con maquinaria del siglo XIX. No sólo se puede visitar la fábrica, sino que además disponen de una guía muy completa escrita en castellano (cosa que escasea en los museos de Bélgica). Y por supuesto, ¡hay degustación a la salida!. Me llevé una botella de 75 de Cantillon Gueuze.

Obligatoria también es la visita al Delirium Cafe. Si se quiere disfrutar relajadamente de una de sus (¡más de 2000!) cervezas hay que ir pronto por la tarde. Si se desea participar de un bullicio multi-étnico delirante mejor ir por la noche. ¡En el Delirium he visto hasta a un niño tomando cerveza!. Cerveza de chocolate, claro (Floris Chololate). Hay quien dice por el mundillo de Internet que no tienen todas las que ofrecen en su menú/Biblia. Francamente, yo no pretendía quejarme hasta haber probado todas las que no conocía.

Un lugar con solera es A La Mort Subite. El nombre de la cerveza proviene de una antiguo juego de cartas entre obreros de una cervecería: se jugaban la última ronda con este nombre. En el local se pueden acompañar sus tradicionales Lambic con queso con pimienta y mostaza. Éste conserva la decoración original de 1928.

Menos imprescindible es el museo de la cerveza, que eso sí, está situado en un entorno privilegiado: la Grand Place. La Maison des Brasseurs (Het Brouwershuis) está situado en el número 10 y fue construida entre 1695 y 1698. El arquitecto fue Willem de Bruyn y los escultores Marc De Vos y Pieter Van Dievoet. Destacan sus columnas dóricas en la planta baja y corintias en la planta superior: éstas están decoradas con flores de lúpulo y granos de cebada. Es un edificio precioso. Diría que el más bello de la plaza... si estuviese en cualquier otra plaza del mundo.

Saliendo de Bruselas hay que hacer mención especial a la fábrica de Brugse Zot. La visita a esta fábrica (la única que queda en Brujas ciudad) es guiada y por desgracia no ofrecen ningún escrito que leer tranquilamente. Por desgracia porque la guía hablaba un inglés endemoniado y, a menos que un servidor sepa por dónde van los tiros, muchas bromas se me escapaban. Eso sí, la cerveza está buenísima y el restaurante parece un buen sitio para cenar.

Hay muchas más cosas cerveceras que ver en Bélgica, claro. Hay algunas "recomendaciones" aquí. Pero todo no se puede: yo iba en plan turista, como demostraré en el siguiente post. En otra ocasión iré a cazar cervezas: un homenaje a Michael Jackson1.


1 Este Michael Jackson ha sido uno de los grandes divulgadores de la cerveza. Su libro "World Guide to Beer" (1977) es un homenaje a la cerveza. Amante de la cerveza Belga, falleció en Londres el 30 de Agosto de 2007. ¡Salud!
Posts relacionados