La Ronda #4: de la cultura cervecera
En La Ronda anterior Manzapivo se lanzó a proponer un tema tremendamente interesante para este mes. Su pregunta era la siguiente: ¿Cómo construir, consolidar y mantener una verdadera cultura cervecera?. La pregunta se enmarca dentro de la escasa tradición cervecera de su país, Colombia. Precisamente porque el conjunto de blogueros cerveciles hispanos es multinacional (y además tenemos la suerte de contar con la participación ocasional desde el R.U. de Boak&Bayley), en esta edición de la Ronda tenemos la oportunidad de dar respuesta desde enfoques y realidades bien distintas. Y a ver qué sale.
No daré yo la vara con la escasa tradición cervecera española. Es algo de lo que ya se ha hablado bastante y que aburrirá a los visitantes foráneos. Pero quizá la primera duda que surge cuando se analiza el caso de países donde la cerveza no tiene una consideración social elevada es si deberíamos resignarnos a que esto fuera así. Por supuesto, mis lectores posiblemente no estarán de acuerdo, pero hay que tener en cuenta que no tengo tantos lectores.
La idea de que España, o Colombia, o cualquier país país con baja cultura cervecera deba resignarse a su destino se suele apoyar en cuestiones históricas (ausencia de tradición efectiva), cuando no en geográficas y climatológicas. A menudo van unidas: el clima español es más propicio para el cultivo de la vid y esto convierte al vino en centro cultural de las bebidas fermentadas, convirtiéndose en parte esencial de nuestras costumbres.
Es necesario desmontar estos argumentos, aún aburriendo a los cerveceros lectores del blog con cosas que ya saben. En todo el mundo se fabrica cerveza y muy posiblemente antes que el vino, de un tipo u otra. La definición de cerveza es realmente amplia: bebidas muy distintas fermentadas a partir cereales y variedades de los mismos se pueden acoger a su nombre. Y en nuestra época más aún, modernas técnicas de irrigación, cultivo o incluso modificación genética permiten la plantación de variedades de cebada y lúpulo sobre cualquier terreno cultivable. La situación geográfica deja de ser una excusa, aunque quizá en algún tiempo lo pudiera ser.
En cuanto a la tradición acumulada, nada impide que ésta se desarrolle en otro sentido de cara al futuro. Incluso aunque el vino ocupe una posición privilegiada, no hay nada que prohíba que la cerveza alcance su misma consideración social en una coexistencia pacífica. Hay que notar que la cerveza ya se bebe efectivamente en casi todos los países: el reto que se propone no es tan hercúleo como parece. Consiste tan sólo en variar la imagen que se tiene de esta bebida. Se trata de convertirla en acompañamiento de cocina, de meterla en cestas de Navidad, regalos de empresa, menús de restaurantes...
Yo tengo muy claro a quién corresponde la mayor parte de esta tarea. Y mi opinión es que a los fabricantes de cerveza. No estoy de acuerdo en que el fabricante vende lo que el consumidor más desea porque se trata de un argumento absurdo, indistinguible de la gente compra lo que el fabricante vende. El consumidor, desde el activismo cervecero (llámele beervangelism) debe seleccionar con criterio, promover, organizarse y exigir calidad cada vez que paga, pero nada más. Corresponde al fabricante cuidar la excelencia de su producto, la promoción, la mejora continua. Y si no lo hace, que se atenga a la decisión del consumidor.
Se me dirá que los directivos de las grandes multinacionales no distinguen fabricar y vender cerveza de fabricar y vender zapatos. Es cierto. Lo cual no quita que, si la calidad de los zapatos nacionales es inferior a la que puedo encontrar en un chino, yo acabe comprando los zapatos a otra empresa: esto aumenta la calidad de los zapatos que se llevan en España, pero en nada beneficia a las zapateras españolas. Vengo de comprar cervezas con mis amigos (de cacería, que digo): nos hemos gastado unos 50 euros en cervezas, ninguna nacional.
Me doy cuenta en este punto que aquí se pueden mezclar dos cosas. Por un lado la cultura cervecera, entendida ésta como el conocimiento y consideración de la cerveza en general. Por otro lado la cultura y calidad de la cerveza elaborada en un país. Mi idea es que a la larga ambas terminan siempre por confluir, incluso siguiendo las leyes del mercado. Dudo mucho que a Mahou le guste la compra que he realizado hoy yo, sencillamente1.
Yo no veo más solución a la difusión de la cultura cervecera que aumentar la calidad de la cerveza. Todo lo demás viene luego: el gusto por la bebida, las asociaciones, los clubs de cata, los bares especializados, los blogs y el beervangelism. Nada de eso existiría si no existieran personas que desde microcervecerías y empresas no apostaran por elaborar buena cerveza.
Y ya por último una breve exhortación. Los consumidores no somos responsables de la baja calidad de cerveza que se consume en nuestro país. Pero sí que lo seremos si, incapaces de beber cerveza de calidad por ningún medio, obligados a tomar lo que venden fabricantes de zapatos, no nos rebelamos y montamos nuestra propia cervecería.
2 Últimamente estoy leyendo un montón de textos legales: ¿se nota?
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