La Ronda #6: triste historia de seducción cervecera
Éste mes a La Ronda invita Catador, desde su maravilloso blog, Buena Cerveza. Es difícil que el nombre de un blog pueda ser tan claro y tan expresivo: cervezas hay muchas pero lo que interesa de verdad es la buena cerveza. El tema de este mes viene a llamarse Cervezas para seducir. ¿A quién?. Pues a una hipotética muchacha interesada en aprender acerca de esta milenaria bebida... en nuestra casa. Catador nos pone en situación:
La cosa va así: de alguna manera conociste a una señorita y ésta, luego de saber tu afición por las cervezas, te pide la invites a una cata personal, proponiendo tú, ni tonto ni perezoso, tu humilde morada.
Toma ya. Estuve tentado de pasar el testigo a mi chica, para que diera una versión diferente: cómo seducir a un apolíneo y encantador joven a través de la bebida. Sin embargo las mujeres son más pragmáticas y saben que no requieren de tanto escenario para seducirnos. Nacen con sentido práctico.
Así que yo debo invitar a una joven a mi casa a tomar cervezas. Tarea harto difícil puesto que debo:
a) conseguir señorita.
b) tirar a mi familia de casa (es complicada la emancipación veinteañera en España).
c) conseguir cocinar algo decente (yo lo frío todo).
d) ordenar mi cuarto. Esto implica recoger todos los artículos que estoy leyendo. Y dejarlos en otro sitio. Y luego volverlos a desordenar cuidadosamente sobre la cama y mesa.
Como tanta tarea me abruma, prefiero pedirle la casa a Albert. Ya veremos qué pasa si me dice que no. Y la cena, que cocina muy bien. Le pido unos rollitos de sushi de carpaccio y unos bombones caseros de postre. Y unos bombones calientes, que se han de freir. Me sale bien, freir. La ensalada la puedo hacer yo. Tengo una norma básica a la hora de hacer ensaladas: cuanto más cosas lleva más me gusta.
Vale, tengo la casa y la cena. Ahora falta la señorita. Me sale muy mal ligar (¡quien lo diría, al contemplar mi estampa!). Lo hice una vez hace muchos años, y me salió bien. Por si acaso hago lo posible por no tener que volver a hacerlo, porque tengo muy mala memoria: no recuerdo si era ¿estudias o trabajas? o ¿quieres una chiquilín?1. Al final lo mejor será que se lo diga a mi chica y hacemos como que no nos conocemos, jugando a uno de esos juegos que ponen las revistas que se ha de jugar. Como que soy un extraño en viaje de negocios y ella una importante científica en un congreso y coincidimos en el bareto de la esquina. No diré qué revistas leo ni qué hacen luego en ellas.
Tras mucha insistencia mi chica acaba cediendo a participar del juego. No entiende por qué debe darme permiso para un juego imaginario. Yo es que soy todo un caballero y serle infiel de mente sin pedirle permiso me resulta imposible. Aunque sea con ella misma disfrazada. A partir de ahora se llamará Sonia. Yo Sonic.
Salimos del bareto. Yo le hablo de los planes de outsourcing y de mis discrepancias creativas con el realm-manager en el indentado de los ficheros. Los tabs son menos portables a nivel internacional, opino, algo fundamental si planeamos el landing de la empresa en indochina. Ella me dice que me calle.
Al llegar a casa de Albert veo que todo está como lo había dejado, recojo galantemente el abrigo de mi acompañante y me ofrezco para colgarlo del armario. Afortunadamente, Albert sigue en él, correctamente atado. Suspiro con alivio.
La velada no puede empezar peor. Mi desconocida se abalanza sobre mí directamente en la cocina, apremiada quizá por la vida del estudiante y la falta de oportunidades que ello supone para abalanzarse (como en las revistas) sobre un joven empresario en una cocina con algas nori. Eh, eh, así no, reconvengo. Primero la cena y las cervezas, o nos quedamos sin post.
Ligeramente indignada, Sonia acepta el sushi, que está preparado al estilo mediterráneo, arroz basmati con un chorrito de aceite de oliva y limón. Maravilloso, me dispongo a sacar la primera cerveza del frigorífico. Mientras la abro, explico a Sonia las características de esta gran cerveza. Sin embargo, vestido como un dandi Sonia vuelve a la carga, intentando despojarme de mi chaleco cruzado.
Ahí sí que me tengo que enfadar un poco: ¡de qué voy a hablar con mis amigos cerveceros si no me deja explicarle las cervezas!. Sonia no lo entiende y se enfada. Se marcha (sin el abrigo). Le digo: ¡Sonia, espera! ¡Soooonia!... falta freir los bombones!.....
Y se marchó. Delirium no liga nunca, pero Sonic jamás falla y ese fracaso le ha dejado hecho polvo. No se sentía igual de mal desde que el real-manager rechazó su solicitud de implementar todos los jababeans en ensamblador. Desolado, encontró consuelo en el crepitar de los bombones.
¿Y las cervezas?. Pues eran una Blanca de Brujas, una Titan Pale Ale, una Orval y una Weihenstephaner Korbinian. Me las tomé con Albert, quien además tenía una Amstel en la nevera y tuvo el detalle de sacar un queso de cabra y un fuet de su tierra, que devoramos viendo el basket.
Para eso están los amigos, ¿no?.
2 Espero que Catador no se enfade por el relato. Me ha pillado demasiado tarde para pensar en algo elaborado. Este mes mi Ronda es un relato de humor.
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