Witbier: la cerveza más naranja
Ahora que hace calor, ¿que tal una cerveza refrescante, un pelín ácida y con el regusto cítrico?. ¡Pero nada de una clara en este blog!1, no. Lo que estamos proponiendo es, si tienen la suerte de disponer de alguna de ellas, disfrutar de una cerveza blanca de trigo, tradicionalmente belgas y conocidas como Witbier. Y es de este estilo del que hoy vamos a hablar en esta nueva subsección de Estilos Cerveceros.
Las cervezas blancas forman parte de la familia de las Ales, esto es, cervezas de ala fermentación. Sin embargo, el uso de trigo no malteado (no tostado) lo emparenta con sus vecinas -y mis queridas- Lambic (de las que aún tengo mucho de lo que hablar). No es extraño, claro: las cervezas se deben a su origen y lo normal es que, en una zona productora de cebada, avena y sobretodo trigo se emplearan estos y no otros cereales para la elaboración de la bebida. Esta zona ocupa los territorios de Bravante y Lovaina y el epicentro productor de la misma se llama Hoegaarden.
En Hoegaarden se elaboraba cerveza ya en el siglo XVI y posiblemente antes. En el s. XV se instaló un monasterio y junto al mismo creció el pequeño pueblo.
A la par que el pueblo crecía, la cerveza fue evolucionando. Durante el siglo de oro en el que los Países Bajos fueron centro comercial de Europa y referente del mercado de especias, los artesanos de la cerveza empezaron a emplear algunos de estos exóticos ingredientes para aderezar sus brebajes.
Entre estas adiciones, la naranja de Curaçao o el cilantro son algunas de las que más éxito tuvieron: han persistido y proporcionan a la cerveza un intenso sabor refrescante que las hace idóneas no sólo en esta época, sino en cualquier otra para acompañar un postre frutal.
Sin embargo, las witbier tampoco se libraron de la crisis que vivieron las cervezas regionales belgas tras la IIGM, donde el éxito de las Ales fuertes de tipo monástico inundó la producción de la mayor parte de cervecerías. En Hoegaarden, que había llegado a albergar más de 30 cervecerías 'blancas' en el siglo XIX, la producción de la cerveza tradicional se detuvo.
Y eso lo echó de menos un vecino de la ciudad llamado Pierre Celis, quien en 1965 lamentaba la pérdida de la cerveza local. Podría haberse quedado en la lamentación, pero Pierre pasó a la acción: compró el equipo de producción de una de las fábricas que habían cerrado y se lanzó, en 1966, a fabricar de nuevo cerveza blanca en la ciudad. En honor al primer monasterio de la misma llamó a su empresa De Kluis. Y a su producto, que se convirtió en un referente y en un éxito en todo el mundo, Hoegaarden.
Hacia los años 80 empezó a ser notable el renacido interés por las muchas variedades autóctonas y regionales. Entonces varios cerveceros retomaron la producción de la witbier. Como este estilo se presta especialmente la adición de especias, encontramos una agradable variedad entre las distintas cervezas: algunas son más picantes, otras llevan más hierba, otras un poco de miel, manzana, melón...
Por lo general, las cervezas de trigo blanco experimentan una corta fermentación láctica (de ahí su acidez) y se dejan madurar en botella, lo que les confiere un aspecto turbio y en ocasiones la presencia de sedimentos. El trigo sin tostar les da un cuerpo considerable y ese color amarillo blanquecino con reflejos naranja. ¡Son unas cervezas preciosas!.
En el terreno empresarial, en De Kluis había empezado a entrar Interbrew, el gigante cervecero (más tarde InBev). Pierre Celis ya no se sentía tan cómodo con las presiones o consejos que recibía del poderoso socio y a finales de los 90 decidió venderles toda la fábrica. Los que han probado la Hoegaarden pre-Interbrew dicen que con el cambio la cerveza salió perdiendo.
En 2005 InBev anunció el cierre de la producción en Hoegaarden, que se trasladaría a la fábrica de Jupiler, lo que provocó una ola de críticas, no sólo entre los trabajadores locales de la fábrica, sino también en el mundillo cervecero, en lo que parecía un paso más hacia la vulgarización de los estilos tradicionales. Por suerte tal traslado no se llevó a cabo y al menos Hoegaarden se mantiene como referente local en la localidad que popularizó las witbier.
De todos modos, la pérdida de Hoegaarden ya no habría producido la defunción de estas cervezas. Muchas otras productoras elaboran con gran calidad cerveza banca, en Francia y Holanda. Pierre Celis no se pudo estar quieto, viajó a Austin y de nuevo compró una vieja fábrica para elaborar allí, con la misma levadura belga, una witbier llamada Celis White2.
Sin embargo, las historias empresariales no nos interesan. Lo verdaderamente importante es que gracias a Pierre Celis (y a otros productores que se mantuvieron firmes en la elaboración de cerveza tradicional) hoy, que hace tanto calor por estas tierras, podemos disfrutar de una fresquita cerveza blanca de trigo.
Y que aproveche.
2 Pero de nuevo la fábrica fue vendida a un gigante Miller que le puso fin.
Hoegaarden en la Wikipedia.
Origen de la foto de la cerveza. Origen de la foto de las protestas.
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