De cervezas en Praga (y II)
Este post tiene una primera parte...
Y Max nos dijo: ¿Habéis estado en Pivovarský Klub? ¿no? ¿y en Pivovarsky Dum? ¿tampoco?. No puede ser. Vamos... pero antes a almorzar.Y nos fuimos a almorzar. Conviene aquí decir que los checos almuerzan bien, y es la comida más fuerte del día. Una sopa consistente, un filete con puré de patatas, un par de buenas cervezas, tajada de sandía y, como colofón, un chupito casero de licor de ¿era ciruela? que nos puso en posición de salida: no eran ni las 12 del mediodía. Todo esto sucedió, por cierto, en una hospoda de Zizkov, el barrio al este de Praga, bastante menos turístico que la parte vieja.
Tras ello nos dirigimos de nuevo a Praga 2 para visitar el maravilloso Pivovarský Dum, donde se encontraban elaborando cerveza, a tenor del olor y el calorcito que desprendían las cercanas calderas. Allí probamos la especial negra, una cerveza de trigo, amarga cerveza de ortigas (que olía a puro campo) y cerveza con café. Que sabía a café. Y quizá alguna más.
Y con este fenomenal arsenal nos despedimos de nuevo de Max. Nuestro día no terminó ahí porque, con el corazón alegre, nos encaminamos a Ferdinanda, hospoda situada en en una de las calles que salen de la plaza de Wenceslao. Tiene una cerveza svetlý lezák bien tirada y sabrosa. No pedimos más de una cada uno, eso sí.
Allí nos pusieron, además de nuestro amado queso de cerveza, un plato de pollo con queso realmente bueno... pero que no habíamos pedido. Eso sí, como teníamos el corazón alegre pagamos sin más y nos dirigimos a quemar lo quedaba de tarde.
Y llegó el último día, donde por tercera vez quedamos con Max, esta vez para despedirnos y recibir un embotellado recuerdo de la visita. Tras la despedida, nos encaminamos en nuestro último día de ciudad al último y más necesario destino cervecero en Praga (a nuestro juicio): Pivovarský Klub.
En Pivovarský Klub disponen de seis grifos de cerveza que van rotando periódicamente, cada uno con alguna especialidad procedente de microcervecerías o elaboradas en el propio Pivovarsky Dum. Las paredes del local se encuentran atestadas de cervezas -la mayor parte checas-, que uno puede recoger mientras almuerza. Entre los platos que pedimos, el omnipresente queso de cerveza, un queso ahumado buenísimo y unas tostadas fritas con ajo, pollo y salsa rosa.
Por supuesto, probamos todas las cervezas de barril (y aquí sí que anoté nombres y sensaciones), pero yo quiero resaltar la Zvikoská 13º, una cerveza negra con aromas de café y tostados a copa parada, pero que al remover muestra plátano y toffee. Al probar sucede al contrario: dulce primero y retrogusto a café y frutos secos. La Kvasar 15º, cerveza de miel, resulta ser lo contrario a lo que uno espera: muy amarga al final, con mucho lúpulo, poco dulce y con un punto de miel muy al final del olfato y gusto. La única un poco más decepcionante, Platan Premium.Tras varias horas en el local, degustando cervezas y platos, pasamos a la recolecta: nos llevamos una Castulus, una Bernard Cerné, una Pardubický Porter y una Red Dark (recomendadas por Max, excepto la última, que nos ofreció el camarero). Además me llevé a casa una Celis White a la que le tenía ganas, después de mi último post1.
Y así, cargados y con el corazo... bueno, un poco borrachos, nos fuimos a pasar las últimas horas en Praga.
Para ello subimos al monte Letná, acudimos a un Biergarten en lo alto de la colina y dejamos pasar las horas mientras bebíamos en vasos de plástico una intomable Gambrinus 10º, que en ese instante nos sabía a gloria.
Y esa es la crónica cervecera del viaje. Faltan muchas cervezas que también probamos, pero ya en la intimidad del apartamento, para cenar. De entre todas ellas, compradas en supermercado (donde los precios oscilaban entre los 10 y los 20 coronas por cerveza) la más especial quizá fuera la Primátor 24º, que era casi una especie de caramelo de regaliz. En general toda la serie de botellas de Primátor (Premium, 13º, 16º y 24º) nos han gustado, y hemos traído unas cuantas más para casa.
No sólo hay sitios que hemos probado: también hay muchos, que, pese a tener marcados, no hemos podido visitar. Entre estos, la muy turística U Fleku, donde tienen un pequeño museo de historia de la cerveza y elaboran una única cerveza. Tampoco entramos a Malostranká Pivnice (junto al museo de Kafka) ni a Dobrá Trafika, pese a que pasamos por delante. Ni a la Pivní Galerie ni Svijanský Rytír, para los que no encontramos tiempo. Pero bueno, todo no se podía. Espero que si ustedes viajan a Pragan lo hagan y me lo cuenten.
La crónica de cervezas probadas no acaba en Praga, sino en Valencia y en casa o con nuestros amigos. Trajimos 13 cervezas de allá y ya las hemos probado casi todas. Algunas no merece la pena mencionar. Mención especial para Castulus cerveza caramelizada y con un poco de gusto a miel, bastante compleja (aunque muy ligera). También la espléndida Porter 19º de Parduvice. Si la quieren asociar a algún tipo de Porter deben hacerlo a más a una Porter báltica que a una inglesa. Sin embargo, coincidiremos en que eso no importa. Es una cerveza compleja pero bien equilibrada. De malta oscura y caramelizada presenta aromas a azúcar moreno. Sin embargo, aunque tiene un retrogusto dulce, no se pasa y compensa con un delicado amargor. De esta cerveza sí que podría beberme un par, al contrario que de la Primátor 24º.
Decir que nos ha sorprendido muy gratamente toda la serie de Primátor. Encuentro una estupenda cerveza de sesión (ahora que viene el mes) la Primátor Svetlý. La Weizen es una maravilla y, tras probar cervezas de trigo checas y cervezas de trigo alemanas, me quedo con las checas. No son tan cítricas y poseen mayor cuerpo. Además, se libran de los aderezos belgas, lo cual también se agradece a veces. Es una lástima que Primátor, que es una cerveza que puede conseguirse aquí, no haga llegar sus cervezas de supermercado checo al supermercado España.
En resumen, un viaje... digamos entre 30 y 40% cervecero. Si cuando pasé las vacaciones en Bélgica volví más belga, ahora he vuelta más checo. Hay que dar las gracias a Max por ello y ya estamos discutiendo el modo. Y por supuesto Max, estás invitado para cuando viajes por acá.
Al resto de gente, si Praga está en sus planes, no lo duden: disfrutarán de una auténtica experiencia.
Na zdraví!
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1 cosillas:
Si me permitís voy a explicar un poco más sobre Castulus, que es una interesante cerveza de una interesante cervecería.
Pivovar Želiv debe ser uno de las pocas cervecerías de abadia fuera de los países bajos (sino la única), las cervezas la elaboran monjes pernostratenses. Tienen poco y nada que ver con las de abadía belgas, están pasteurizadas y no están fermentadas en botella, pero en los escasos cuatro o cinco años que ha estado funcionando, han mejorado una enormidad (antes eran intomables).
La Castulus en particular está saborizada con Hidromiel (seguramente el amargo), bebida sobre la cual he hablado acá y de las tres que estos monjes elaboran, es la que más me gusta.
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