Paisajes de Praga
Ya dije que nuestro viaje a Praga no fue 100% cervecero, sino más bien entre un 30% y un 40% cervecero. El resto lo empleamos en hacer turismo del normal, del que no implica cerveza. Parece imposible en una ciudad como Praga si uno lee el blog del Filósofo Cervecero, pero no lo es. Porque Praga es una ciudad preciosa para recorrer caminando y disfrutar -sobrios- del paisaje.
Praga se divide en distintos barrios, que al fin y al cabo son divisiones administrativas. Los barrios son numerados, y corresponde a Praga 1 el llamado barrio viejo. Con Praga sucede como con muchas ciudades: por un lado está la ciudad turística, relativamente grande (se puede recorrer andando si uno es joven y andador) y por otro la residencial, a la que es mejor acudir en transporte público. Si es que uno tiene alguna buena razón cervecera para ir hasta allá, claro.
Si no se desea andar, el transporte público es eficiente y consta principalmente de una red enorme de tranvías y tres lineas de metro. Que funcionan realmente bien, al menos si se compara con la terrible irregularidad y tardanza del metro valenciano. Los abonos de transporte son combinados y se compran por tiempo de uso, esto es: el billete de un único viaje (el más barato) sirve para 5 estaciones o media hora de uso. Vale algo más de un euro. El de un día merece la pena si uno va a viajar más de tres veces en 24 horas: vale algo más de tres euros (100 coronas). También existen los de tres o cinco días: su precio es superior, pero uno se olvida durante un tiempo de comprar billete. Como Praga es una ciudad de subidas y bajadas, la gente más mayor lo puede agradecer.
Praga 1 comprende los históricos barrios de la ciudad vieja (Staré Mesto) y el gueto judío Josefov. Se trata de la zona más atestada de turistas y es lógico porque en esa zona se encuentra la plaza de la ciudad vieja con su famoso reloj y la Iglesia de Nuestra Sra. de Tyn, la Torre de la Pólvora y la espectacular Casa Municipal de estilo art noveau. Asimismo junto al imponente Clementinum se encuentra uno con uno de los puentes más carismáticos de Europa: el puente de Carlos V. Repleto, por supuesto, de caricaturistas, vendedores y músicos.
En el barrio judío, dentro del complejo de instalaciones gestionadas por el museo judío uno puede visitar las distintas sinagogas que albergan exposiciones acerca de la historia judía en Bohemia, estilo de vida de los judíos o sus fiestas y tradiciones (tienen un huevo de fiestas y tradiciones, los judíos). Hay dos tipos de entradas al museo judío y una de ellas tan sólo sirve para visitar la histórica y pequeña Sinagoga Vieja Nueva. Como eran caras, nosotros cogimos la otra. Por desgracia no se podía hacer fotos en ningún lado (excepto en el cementerio y pagando) así que no pudimos fotografiar el espléndido interior morisco de la Sinagoga Española.
Al otro lado del puente de Carlos V, la zona alta de la ciudad comprende los barrios de Malá Straná y Hradcaný. Malá Strana es famosa por sus calles empinadas especialmente Nerudova (hervidero de tiendas y turistas) y Úzed. Ambas calles parten de la plaza principal, donde se encuentra la increíble iglesia de San Nicolás. En Malá Strana podemos descansar en los parques o jardines cercanos al río Moldava, o bien subir hasta el mirador con el teleférico. Recorriendo la colina arbolada hacia al norte llegaremos al monasterio de Strahov... donde pueden encontrar una buena cervecería. Entonces ustedes estarán ya en la parte más antigua y señorial de la ciudad: la zona del castillo o Hradcaný.
De la cervecería del monasterio de Strahov pueden bajar por Loretanska para descubrir la Iglesia del Loreto, con su hermosa estancia de la natividad (tampoco se pueden hacer fotos, a menos que uno sea español, como comprobé a lo largo del viaje). Si sigue y no se detiene en U Cerneho llegará usted, tras pasar por varios palacios, a las puertas del castillo donde le saluda, imponente, la catedral de San Vito.
El complejo del castillo dispone de una entrada combinada para visitar el Palacio Real, Callejón del Oro, basílica de San Jorge, pinacoteca y Torre de la Pólvora (II). Así que mejor dedicarle todo un día tranquilamente. Tras la visita al castillo es buena idea pasear por los jardines posteriores para alcanzar la Fuente Cantarina, en el jardín del palacio renacentista de Fernando I. Y cuando haya descansado puede bajar tranquilamente por la parte de detrás, para regresar al norte de Malá Straná y a los jardines Wallenstein. De ahí pueden pasar por Cihelna y tomar unas cuantas fotos preciosas desde la orilla misma del río. Además, ahí al lado está la hermosa pivnicé Malostranska.
Cuando uno ha tenido bastante ración de historia antigua, se puede ir a visitar otros barrios, como el de la ciudad nueva (Nové Mesto). Imprescindible, tan sólo por el pequeño memorial y como homenaje, visitar la Iglesia de San Cirilo y Metodio donde los asesinos del líder nazi Reinhard Heydrich se ocultaron hasta que fueron traicionados por uno de sus compañeros.
Al este de la ciudad, caminando desde la impresionante iglesia de Námestí Miru pueden llegar a Vinohrady: más moderno, con edificios elegantes y caros. Esta zona está mucho más despejada de turistas y se agradece a la hora de andar por la calle. Pueden visitar la Iglesia del Sagrado Corazón y contemplar la torre de televisión con sus bebés gigantes. Y si de allá van al norte, ven la estatua de Jan Zizka, cruzan las vías como sea y se atreven a pasear por las decadentes calles del barrio, pueden llegar a la iglesia de San Cástulo. Además ¡en esa misma calle está Pivovarsky Klub!.
Para terminar el viaje, no vayan a ningún sitio en concreto. Elijan un monte como el Letna o Vysehrad: suban a él y busquen alguno de los muchos Biergartens que pueblan las colinas. Y dejen caer la tarde disfrutando de Praga al completo mientras toman unas cervezas.
Imprescindible
Prescindible
La Lonely Planet
Guía de bolsillo de El país Aguilar
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