La Ronda #10: Pecados cerveceros
Me disculpen la hora de llegada. A estas horas los compañeros deben estar ya sufriendo la resaca en su casa o apurando los últimos momentos antes de que se cierre el chiringuito virtual de La Ronda. Ese es mi primer pecado, no por justificable menos venial.
Y es que a La Ronda 10 invitan los amigos de la Logia y reza así:
Cual es tu confesión cervecera? Que hiciste en tu vida o que seguís haciendo que te avergüenza como fanático de la cerveza?
Hay, amigos. Yo confieso que he pecado y peco mucho. Peco todas las semanas cuando pido una Voll-Damm, suficiente cerveza como para tomar en vaso, y rechazo la copa que se me ofrece. No sé por qué, si la cerveza pierde los aromas y gana en gas al tomarla de la botella. Pero siempre he tomado las Voll-Damm de botella y siempre lo haré. Aquí no hay redención posible.
En el pasado pequé más, sí señor.Recuerdo una fiesta en un chalet. Apenas habíamos llegado cuando decidimos tomar unas cervezas. Sin embargo, por esto mismo -haber llegado-, las cervezas estaban aún calientes. Un amigo y yo nos miramos... '¿y qué hacemos?', me inquirió.
- Los alemanes beben la cerveza caliente - dije yo.
¡Y era mentira!. No recuerdo si por aquel entonces yo ya sabía que esto era así, pero, aunque así fuera, lo que sigue no tiene perdón. Manos a la obra, dispuestos a beber cerveza 'alemana', introdujimos dos vasos repletos de cerveza en el microondas.
¿Y qué cervezas eran?, se preguntará usted. Pues nada más y nada menos que dos Zaragozana Export, alguna de las pocas cervezas decentes que elaboran las cerveceras españolas.
Pero hay muchos más pecados capitales cerveceros, si señor. Se me ocurren tantos que paso a resumirlos y clasificarlos:
He pecado más, sí señor. Pero ponerse morado de submarinos de tequila en jarras de cerveza no es ser mal cervecero, no señor: es ser joven. Ruego al Monje Negro me absuelva. Yo me comprometo a hacer penitencia y rezarle lo que quiera.
O mejor, me hago de una tacada la serie de Sint Bernardus. Todos los colores. A su salud. Mejor penitencia que ésta no puede haber, digo yo.
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