20 diciembre, 2007

Monjes y cerveza (II): del s. XV a nuestros días

Éste es el tercer post dedicado a las cervezas trapenses, donde veremos cómo estuvieron a punto de desaparecer las cervezas monásticas... y a qué nuevos retos se tuvieron que enfrentar al llegar el siglo XX. Ya vimos de qué manera surgió la elaboración de cerveza en las abadías en la Baja Edad Media. Y cómo la fabricación de cerveza en estos santos lugares produjo brebajes afamados y de gran calidad en su época

Sin embargo, a medida que empezó a aumentar de tamaño las ciudades, la elaboración artesanal de cerveza en ellas creció. Las técnicas descubiertas por los monjes se transmitieron al pueblo y las primeras fábricas de cerveza pudieron competir en calidad con los monasterios. Además, ya sabemos que la observancia de las reglas (y el trabajo duro) decayó en los monasterios, cada vez más ricos y suntuosos. No es de extrañar que muchos de ellos dejasen de producir cerveza y simplemente la comprasen.


Hacia el siglo XV, muchas abadías abandonaron la fabricación de cerveza y su producción artesanal se trasladó a las crecientes ciudades, donde nacieron los primeros maestros cerveceros. En el siguiente siglo apenas quedaban cervecerías monásticas en Francia: una era la de la abadía de Saint Laurent en Dieulouard (Moselle). Sin embargo la Revolución Francesa acabó con ella. Muy pocas sobrevivieron a esos años, y menos aún con una fábrica de cerveza en su interior.

En Bélgica, la Revolución Francesa también acabó con la mayoría de abadías, sufriendo la misma suerte que sus vecinos franceses. Pero no sería ésta la única revolución que llevaría al borde de la extinción la producción monástica. Poco después, la Revolución Industrial hizo posible que las fábricas laicas mejorasen significativamente la calidad de sus brebajes. Las nuevas técnicas de fermentación, frío y almacenado no sólo descubrían nuevas cervezas, sino que además aumentaban significativamente la producción, abaratando costes. Este proceso se prolongó hasta la primera mitad del siglo XX.

Entretanto, el consumo de cerveza se había disparado. En estas condiciones, era imposible que las cervecerías monásticas pudiesen competir con la producción de las laicas. Con algunas excepciones, los monasterios sólo producían para cubrir sus necesidades, pues apenas podían vender sus productos.

Y ya finalmente llegaron las dos guerras mundiales, que tanto castigaron las tierras donde la elaboración monástica estaba más arraigada. Las escasas abadías que aún fabricaban auténtica cerveza detuvieron su producción. En Alemania, en cambio, se preservó la tradición. En el país germano existían (y existen) un gran número de microcervecerías regionales y, aunque la guerra también fue devastadora para ellos, el impacto sobre las cervecerías monásticas fue menor. Diversas abadías prosiguieron con la elaboración de la cerveza.

Pero en el periodo de entre-guerras y sobretodo tras la Segunda Guerra Mundial, gracias al formidable empujón económico, muchas abadías (en especial las trapenses) retomaron la fabricación de cerveza con renovado empuje.

Pero no sólo lo hicieron los monasterios: en 1913, Rémy Poucke, cervecero en St-Gilles-lez-Bruxelles, fabricó la llamada Cerveza del Capuchino. Durante la primera mitad del siglo XX, y siguiendo la estela de Rémy, muchas cervezas 'al estilo' monástico surgieron, portando nombres de abadías o de algún santo sin tener ninguna relación con monjes (y no digamos ya con santos). Los laicos se apuntaban el tanto de la fabricación tradicional.

Por tanto, los monasterios cerveceros aún se tenían que enfrentar a un último reto: el de las marcas. Los monjes trapenses elaboraban cerveza en sus monasterios, sí, de reputada calidad. Pero también lo hacían otros monasterios. Y también empresas que "compraban" el derecho de fabricación bajo la denominación de cierto monasterio. O simplemente empresas que ponían nombres "monásticos" a sus productos, aun sin tener relación con la elaboración tradicional de cerveza en abadías. Resumiendo, en los años 50 los monjes se encontraron con que estaban en competición:

    Cervezas monásticas con el nombre de alguna abadía existente. En la mayor parte de casos la cervecería no se encontraba en el monasterio o no era fabricada por los monjes, sino que alguna empresa había comprado la licencia de fabricación. Los monjes imponían, eso sí, ciertas reglas o evaluación de la calidad del producto con su nombre. Ejemplos: Leffe, Maredsous, Tongerlo, Corsendonk, Postel, Floreffe, Grimbergen, Affligem...
    Cervezas monásticas con el nombre de alguna abadía desaparecida o cuya actividad había cesado. Como St Idesbald, Vieille Villers, Cambron...
    Cervezas que evocan a las monásticas a través de alguna imagen o su nombre. En Bélgica se suele utilizar los términos Pater, Monniker, Abt, Vader... y en Alemania Benediktiner, Kapuziener, Augustiner, Kloster...

Algunas de estas últimas se tomaban la licencia de denominar Trappist a sus productos, fuesen buenos, malos, fabricados respetando cierta tradición o de cualquier manera. Por cierto, que ya no estamos hablando sólo de cervezas. En Bélgica sobretodo, los monjes también fabrican quesos de forma artesanal y la simbología monástica se convirtió asimismo en un reclamo de estos manjares.

¿Cómo se protegieron los monjes trapenses de tales suplantaciones?. Pues lo veremos en el siguiente capítulo de la serie, donde hablaremos de falsas trapenses y de acciones legales.
Y daremos nombres...

Trappist Beer. Monks and Beer (2/3 y 3/3). Monastic Beers.
La cerveza de Thelonius Monk (monje) existe. La fabrica North Coast en California.

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