27 julio, 2008

Witbier: la cerveza más naranja

Ahora que hace calor, ¿que tal una cerveza refrescante, un pelín ácida y con el regusto cítrico?. ¡Pero nada de una clara en este blog!1, no. Lo que estamos proponiendo es, si tienen la suerte de disponer de alguna de ellas, disfrutar de una cerveza blanca de trigo, tradicionalmente belgas y conocidas como Witbier. Y es de este estilo del que hoy vamos a hablar en esta nueva subsección de Estilos Cerveceros.

Las cervezas blancas forman parte de la familia de las Ales, esto es, cervezas de ala fermentación. Sin embargo, el uso de trigo no malteado (no tostado) lo emparenta con sus vecinas -y mis queridas- Lambic (de las que aún tengo mucho de lo que hablar). No es extraño, claro: las cervezas se deben a su origen y lo normal es que, en una zona productora de cebada, avena y sobretodo trigo se emplearan estos y no otros cereales para la elaboración de la bebida. Esta zona ocupa los territorios de Bravante y Lovaina y el epicentro productor de la misma se llama Hoegaarden.


En Hoegaarden se elaboraba cerveza ya en el siglo XVI y posiblemente antes. En el s. XV se instaló un monasterio y junto al mismo creció el pequeño pueblo.

A la par que el pueblo crecía, la cerveza fue evolucionando. Durante el siglo de oro en el que los Países Bajos fueron centro comercial de Europa y referente del mercado de especias, los artesanos de la cerveza empezaron a emplear algunos de estos exóticos ingredientes para aderezar sus brebajes.

Entre estas adiciones, la naranja de Curaçao o el cilantro son algunas de las que más éxito tuvieron: han persistido y proporcionan a la cerveza un intenso sabor refrescante que las hace idóneas no sólo en esta época, sino en cualquier otra para acompañar un postre frutal.

Sin embargo, las witbier tampoco se libraron de la crisis que vivieron las cervezas regionales belgas tras la IIGM, donde el éxito de las Ales fuertes de tipo monástico inundó la producción de la mayor parte de cervecerías. En Hoegaarden, que había llegado a albergar más de 30 cervecerías 'blancas' en el siglo XIX, la producción de la cerveza tradicional se detuvo.

Y eso lo echó de menos un vecino de la ciudad llamado Pierre Celis, quien en 1965 lamentaba la pérdida de la cerveza local. Podría haberse quedado en la lamentación, pero Pierre pasó a la acción: compró el equipo de producción de una de las fábricas que habían cerrado y se lanzó, en 1966, a fabricar de nuevo cerveza blanca en la ciudad. En honor al primer monasterio de la misma llamó a su empresa De Kluis. Y a su producto, que se convirtió en un referente y en un éxito en todo el mundo, Hoegaarden.

Hacia los años 80 empezó a ser notable el renacido interés por las muchas variedades autóctonas y regionales. Entonces varios cerveceros retomaron la producción de la witbier. Como este estilo se presta especialmente la adición de especias, encontramos una agradable variedad entre las distintas cervezas: algunas son más picantes, otras llevan más hierba, otras un poco de miel, manzana, melón...

Por lo general, las cervezas de trigo blanco experimentan una corta fermentación láctica (de ahí su acidez) y se dejan madurar en botella, lo que les confiere un aspecto turbio y en ocasiones la presencia de sedimentos. El trigo sin tostar les da un cuerpo considerable y ese color amarillo blanquecino con reflejos naranja. ¡Son unas cervezas preciosas!.

En el terreno empresarial, en De Kluis había empezado a entrar Interbrew, el gigante cervecero (más tarde InBev). Pierre Celis ya no se sentía tan cómodo con las presiones o consejos que recibía del poderoso socio y a finales de los 90 decidió venderles toda la fábrica. Los que han probado la Hoegaarden pre-Interbrew dicen que con el cambio la cerveza salió perdiendo.

En 2005 InBev anunció el cierre de la producción en Hoegaarden, que se trasladaría a la fábrica de Jupiler, lo que provocó una ola de críticas, no sólo entre los trabajadores locales de la fábrica, sino también en el mundillo cervecero, en lo que parecía un paso más hacia la vulgarización de los estilos tradicionales. Por suerte tal traslado no se llevó a cabo y al menos Hoegaarden se mantiene como referente local en la localidad que popularizó las witbier.

De todos modos, la pérdida de Hoegaarden ya no habría producido la defunción de estas cervezas. Muchas otras productoras elaboran con gran calidad cerveza banca, en Francia y Holanda. Pierre Celis no se pudo estar quieto, viajó a Austin y de nuevo compró una vieja fábrica para elaborar allí, con la misma levadura belga, una witbier llamada Celis White2.

Sin embargo, las historias empresariales no nos interesan. Lo verdaderamente importante es que gracias a Pierre Celis (y a otros productores que se mantuvieron firmes en la elaboración de cerveza tradicional) hoy, que hace tanto calor por estas tierras, podemos disfrutar de una fresquita cerveza blanca de trigo.

Y que aproveche.

1 'Clara' es como llamamos en España a la cerveza con Gaseosa. Y Gaseosa es... ¡gaseosa!
2 Pero de nuevo la fábrica fue vendida a un gigante Miller que le puso fin.

El Libro de la Cerveza. Michael Jackson Ed. Blume.
Hoegaarden en la Wikipedia.
Origen de la foto de la cerveza. Origen de la foto de las protestas.

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23 julio, 2008

Descubierta la fórmula de la cerveza perfecta

Científicos cerveceros austro-húngaros han dado con la fórmula de la cerveza filosofal: el brebaje mítico de los Dioses Normandos, que brotaba en todas las tabernas de Asgaard y con el que se duchaban las valquirias en sus momentos de higiene personal. Según leyendas finlandesas, tal bebida proporciona no sólo vida eterna, sino también melena rubia, ojos azules y una altura considerable. Sin embargo, como efectos secundarios se ha podido apreciar la aparición un apetito y voracidad sexual insaciable.

El hallazgo se ha hecho público cuando uno de los científicos -J.L.P.G.- ha logrado escapar de las instalaciones secretas donde permanecían recluidos, gracias a la superfuerza que le proporcionó la bebida creada. En la versión del huido, un consorcio de malignos hombres de negocios procedentes de Georgetown les mantenían encerrados en busca de la fórmula que les habría de saciar de cerveza el resto de sus días.

Según su historia todavía quedan encerrados en los laboratorios al menos 30 compañeros, entre hombres y mujeres que, habiendo también probado la bebida, ya no tienen ninguna intención de escapar. Amnistía Internacional y Cruz Roja han enviado delegaciones en vano: ninguna ha regresado.


El compromiso de J.L.P.G. con la ciencia ha resultado clave para que éste se haya escapado de la prisión para descubrir a mundo la fórmula de la cerveza perfecta.

"Creo que el universo tiene derecho a conocer este descubrimiento y participar del mismo". Dicho esto, J.L.P.G. ha tomado un trago de la cerveza y ha marchado volando hasta Munich, perdiéndose su rastro en la Selva Negra.

Aqui habia una imagen muy divertida, pero cayó del servidor (y nunca se volvio a saber de ella)

Que aproveche. Y a pasarlo bien.

20 julio, 2008

La Ronda #2: Cerveza o ¿Cerveceria?

Y ya está en marcha La Ronda. (La Ronda es el encuentro temático mensual de los blogueros de habla hispana... a los que se pueden sumar el resto de blogueros del mundo, porque somos así de generosos y bien pagadores). Tras un arduo debate matemático se ha decidido que ésta es la segunda edición y que el tema que dio el pistoletazo de salida es el 0. Me parece bien, porque soy informático y es lo lógico: empiezas por el cero, luego vas al uno y ya has acabado.

Tras las discusiones acerca del tamaño de la cerveza y la peor cerveza de tu vida llega el dilema Cerveza o Cervecería, que nos propone Chela. Y como yo soy así de tocapelotas y este es mi blog, voy a cambiar ligeramente el sentido a la cosa y darle un aire nacional. Para ello tan sólo es necesario -¡viva el castellano con sus extrañas grafías!- cambiar de lugar el vetusto signo de apertura de interrogación: Cerveza o ¿Cervecería?. La pregunta que me hago a tenor de la cuestión es: ¿Existen las cervecerías en España?. Y es entonces cuando Lúpulo Feroz me asesina.

Pero déjame que me explique. Y además te dedico esta entrada.


Me gusta la cerveza. De por sí. Todo el rollo ese del ambiente social de la cerveza desde las fiestas paganas celtas hasta los anuncios de La Amistad sale de dentro de Amstel me parece magnífico y es una de las cosas envidiables de la cerveza. En realidad pocas bebidas, alimentos o drogas tienen ese hálito, esa magia que hace de nexo de unión entre los consumidores, el producto y ellos mismos. Esto es indiscutible: no hay más que ver los anuncios de cerveza.

Pero a mi me gusta beber cerveza. Y hacerlo sólo en casa es un gran placer. Es más fácil concentrarte en el sabor, o en otra cosa y sencillamente disfrutar. Si además hay amigos alrededor, mejor (y eso pasa bastante en estas épocas, donde a la vuelta de las vacaciones siempre alguien trae algunas botellas). Pero no necesito el bar para ello.

¿Y por qué digo bar y no cervecería?. Pues está claro: la mayor parte de 'cervecerías' son bares donde se sirven cervezas. No son templos de la cerveza, no son esencialmente diferentes a la casa donde puedo degustar mis cervezas, acompañadas de lo que quiera a la temperatura que desee. En Valencia, tercera ciudad de España, hay pocos lugares que puedan ser clasificados de auténticas cervecerías. Quizá en el norte de España haya más, puesto que son más comunes las microcervecerías. Pero el panorama, que invita al optimismo, tampoco está para tirar cohetes.

Suena un poco gris esto, pero es que coincide que mi chica regresa de Liverpool, donde ha tenido la suerte de disfrutar del ambiente del pub inglés. Y no es que allí tengan la cerveza en un altar, ni mucho menos: es que no tiene nada que ver la cultura de cervecería que existe allí con la que hay aquí (yo también lo he podido vivir en Irlanda).

Allí, comparar tomar la cerveza en el pub con hacerlo en casa es casi ridículo. En el pub la gente habla con desconocidos, se sientan en la misma mesa, las rondas van que vuelan, y es difícil saber quién pagó la última. También las pintas y algunos borrachos, pero en un ambiente festivo: toda la gente participa del momento, tanto que riete tu del repartidor de San Miguel. Eso sí que lo veo yo como una cervecería, más allá de que tengan dos, cuatro u ochenta grifos distintos.

Ese es el espíritu de que asociaría sin dudar a la cerveza. Ignoro por qué aquí es tan distinto, las mesas están tan separadas o la gente no habla los unos con los otros. ¡Y eso que se supone que los de carácter cálido y abierto somos los mediterráneos!.

¿Cerveza o cervecería?. Es un buen dilema: algunas veces uno y otras lo otro. Pero no dejo de pensar en los pubs ingleses y te digo: Lúpulo Feroz, que tienes una oportunidad que envidio (seguro que todos hemos querido montar una cervecería alguna vez): aprovéchala y tráete un poco del espíritu inglés -e irlandés, no se enfaden- a estas tierras. Los cerveceros te lo agradeceremos.

Un saludo a todos.

[En Posts relacionados iré poniendo otras opiniones sobre el tema].

1 ¿Para cuándo el logo de La Ronda?. El post queda un poco vacio sin él

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19 julio, 2008

San Francisco, el sultán y la prostituta

En este blog se ha hablado algo bastante de música (gitana y balcánica, principalmente), y, aunque parezca mentira, también de religión. Como esta última tampoco es que haya quedado en muy buen lugar a lo largo de mis escritos, llegó la hora de reconciliarse con la divina providencia: lo haremos a través de la música, y lo vamos a hacer en este post. ¿Algo quizá acerca del Ave María de Händel?. No, que va. ¿Requiem de Mozart?. Mejor, mejor...

Hoy les vengo hablar de la vida de San Francisco de Asís. Nada más y nada menos. Pero lo haremos gracias a Angelo Branduardi. Branduardi es uno de los grandes de la música folk italiana. Por desgracia, me temo que soy demasiado joven para que me agrade, puesto que sus discos me parecen un auténtico peñazo. Sin embargo hay entre ellos una canción de esas que no puedes parar de escuchar y de las que tanto me gusta hablar en los posts de música. La canción pertenece a su disco L'infinitamente piccolo que fue compuesto con motivo del Jubileo en el año 2000 y trata enteramente de la vida de San Francisco. Toma ya.


El disco, bonito, ornamentado, de aire medieval, me parece tan rollo como el resto de su discografía que me baje de la mula... esto... me dejó un amigo. Pero la segunda canción es buena buenísima. Les dejo tanto el enlace como la letra, para que se animen a cantar, si lo desean. La canción lleva el sugerente título de Il sultano di Babilonia e la prostituta.

boomp3.com

Frate Francesco partì una volta per oltremare
fino alle terre di Babilonia a predicare,
coi suoi compagni sulla via dei Saracini
furono presi e bastonati, i poverini!
Frate Francesco parlò
e così bene predicò
che il Gran Sultano ascoltò
e molto lo ammirò,
lo liberò dalle catene...
così Francesco partì per Babilonia a predicare.
Frate Francesco si fermà per riposare
ed una donna gli si volle avvicinare,
bello il suo volto ma velenoso il suo cuore,
con il suo corpo lo invitava a peccare.
Frate Francesco parlò:
"Con te io peccherò"
Nel fuoco si distese,
le braccia a lei protese.
Lei si pentì, si convertì...
così Francesco parti per Babilonia a predicare.


Posiblemente la historia se base en el viaje de Francisco de Asís a Egipto, donde se encontró con el Sultán al-Malik al-Kāmil y al cual intentó convertir. Posiblemente no lo consiguiera, pero, cuanto menos, el tema dio para una canción. De todos modos, las canciones no están inspiradas en la historia, sino en una serie de cuentecillos -los Fioretti-, de origen anónimo y popular, que recogen los hechos de San Francisco y sus milagros.

De la canción no sé qué me gusta más, si la historia o ese ritmo machacón que marcan con la tuba (o lo que parece una tuba). La canción original está cantada junto con Franco Battiato (otro de los grandes de la música italiana que no me acaba). El caso es que la primera vez que la escuché no fue esa versión, sino la que hizo Lavrentis Maxairitsas junto con el propio Branduardi. Que es, si cabe, un poco más machacona y divertida (por aquello de que al final cantan juntos).

boomp3.com

Aquí debería decir que Maxairitsas sí que me gusta, pero el caso es que no es cierto. Casi nada de lo que he escuchado de la música griega me ha ha gustado: no he encontrado nada auténticamente folk o tradicional en ella. Y ya sabemos todos que el Sirtaki que se marcó Anthony Quinn en Zorba el Griego fue una invención de Míkis Theodorakis, con muy poco de tradicional. Según me han dicho, lo autenticamente tradicional en Grecia... es turco.

Retomando el hilo: si algún día tengo un grupo de música folk (y espero tenerlo), la primera versión que haré será la de esta canción. Así estaremos empatados. Porque Branduardi, entre las muchas melodías populares mediterráneas que emplea para sus discos destaca una con la que estoy muy familiarizado y siento casi como mía.

Se trata de la pieza que los dolçainers valencianos conocemos como Dimonis o, aquí en Valencia, Dimonis de Benimaclet (aunque desde luego es conocida por otros muchos nombres). La canción es muy sencillita y se usa con profusión en las fiestas de Correfocs i Dimonis. Branduardi la usó para un tema del disco La pulce d'acqua (1977). Al que llama Baile en Fa menor sostenido. Como letra, Branduardi nos propone a una señora Muerte que se nos presenta amablemente. La melodía que se toco con las dolçainas es la que acompaña a la voz.

Y ya ven. Yo que tenía la intención de realizar un post lo más católico posible y he terminado hablando de la muerte y de demonios. Si es que no se puede...

boomp3.com

Página oficial de Branduardi.
San Francisco de Asís en la Wikipedia.
En este vídeo se puede ver a los Dimonis de Benimaclet en acción. Y de la canción se escuchan algunos fragmentos a lo largo del vídeo.

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09 julio, 2008

El problema de los generales bizantinos

Sitúese.

Está usted en el campo de batalla arrasado, y el viento ondea sus banderas blasonadas, que amenazan la ciudad rebelde, por fin sitiada. Sin embargo, las torturas a las que ha sometido a los infieles no han minado el espíritu enemigo y ningún prisionero ha revelado la cantidad de hombres que guarda la ciudad amurallada. Usted tiene un ejército numeroso, sí, pero las lineas de comunicación y aprovisionamiento han sido destruidas: no podrá mantener demasiado el sitio sobre la ciudad. Urge tomar una decisión sobre el curso de la batalla y, como general que es, deberá consultar con el resto de mandos. La opciones son pocas: atacar todos a la vez o retirarse.

Pero hay un gran problema: sospecha usted que el enemigo se ha infiltrado en sus filas hasta tal punto que es posible que algunos de sus compañeros generales se encuentren, secretamente, sirviendo al enemigo. ¡Hay traidores entre los generales!. Usted sospecha de un par de ellos pero sólo si es capaz de ponerse de acuerdo con otros generales leales en su acusación podrá desenmascarar a los traidores. No puede usted pensar mucho, sus hombres son bravos pero la lealtad se resiente con el estómago vacío. Sólo podrá derrotar al enemigo si ataca con todas las fuerzas de los generales leales así que... ¿podrá usted descubrir a los traidores?. ¿Será capaz usted de poner de acuerdo a los generales bizantinos?.


El problema de los generales bizantinos fue formulado de esta forma (con menos literatura) por Leslie Lamport1,2, uno de los grandes de la informática, en 1982. Desde entonces es uno de los clásicos en la teoría de sistemas distribuidos. ¿Y por qué?. Pues veamos.

Piense que en vez de tener usted un conjunto de generales bizantinos tiene usted un conjunto de computadores distribuidos, llevando a cabo una tarea común. Por ejemplo, una transacción bancaria o la monitorización de la ruta de un avión. Eso suena más informático.

Supongamos que uno de los computadores del sistema deja de funcionar. Hace plof y ya está. No responde a los mensajes del resto, ni ofrece resultados: nada. ¿Como podemos saber que ha fallado? Pues muy fácil, como no hace nada ni envía los mensajes que tiene que enviar ni responde a las llamadas, deducimos que ha fallado. Lo más sencillo entonces es reemplazarlo: que otro haga la misma tarea que realizaba. Si un componente 'se muere' de este modo, decimos que ha fallado en modo crash.

Ahora el mismo componente falla, pero en vez de no hacer nada siempre realiza su tarea más tarde de lo que debería. ¿Cómo nos damos cuenta de este fallo?. Pues tan sólo nos es necesario poner en marcha un reloj cuando debería iniciarse. Si, transcurrido el tiempo determinado, el computador o componente no ha ofrecido un resultado, sabemos que está fallando. Y podemos reemplazarlo por otro, como antes. En este caso decimos que el componente falla en modo performance.

Un pasito más. Supongamos que un elemento ofrece resultados dentro del tiempo establecido pero... estos resultados son siempre incorrectos. Aquí se complica la cosa. ¿Cómo sabemos si falla?. Podemos, por ejemplo, poner dos procesadores a hacer la misma tarea y comparar los resultados pero aún así si estos no concuerdan, ¿cómo saber cuáles son los buenos y cuales no?. En este caso necesitamos tres componentes para tolerar el fallo de uno. Y, en general, 2n+1 para tolerar n fallos. Estos fallos se llaman response. Y los sistemas con tres componentes y un comparador se llaman TMR (triple modular redundancy).

¿Se han fijado cómo cada vez necesitamos más cosas para detectar el fallo?

Y ahora vamos a lo bueno. Supongamos que un componente tiene un comportamiento errático y que, a veces ofrece una respuesta correcta y a veces no. Supongamos que, en las votaciones para detectar la respuesta correcta, este computador acusa a otros de ser los erróneos: a uno le dice una cosa, a otro otra distinta. Actúa como un traidor. Como un traidor bizantino.

Está usted de nuevo en el campo de batalla. Y ya tiene su decisión, atacar o retirarse, que debe transmitir al resto de generales. Los generales leales no se equivocarán, y si creen que atacar es la mejor opción, arrasarán al enemigo. Sin embargo puede que los traidores consigan que decidamos retirarnos. Por otro lado, aunque una mayoría de generales leales haya decidido no atacar, es posible que con el voto de los traidores se fuerce el asalto, cayendo en una trampa mortal.

Usted razona: si sólo hubiera tres generales y uno fuera el traidor... ¿podríamos ponernos de acuerdo la mayoría? Supongamos que yo -Apocapes- envío a ambos la orden de atacar. Los generales Belisarius y Comentiolus reciben mi orden, bien. Y sin embargo, el traidor Belisarius informa a Comentiolus de que mi orden ha sido la de retirada. ¿Que pensará Comentiolus? Pues que, o bien Belisarius es el traidor, como de hecho sucede... ¡o bien que el traidor soy yo, el insigne general Apocapes!. Las dos situaciones serían indistinguibles a los ojos de Comentiolus.

Así que, a pesar de ser mayoría los generales leales (de 2 a 1), no podremos llegar nunca a un acuerdo, pues no sabremos de quien fiarnos. Si dispusiéramos de cartas firmadas... podría enviar cada una de ellas al resto de generales y luego estos intercambiar las mismas. Sin embargo cada general sólo puede controlar lo que transmite, no lo que intercambia el resto.

Entonces ¿y si somos cuatro y uno infiel?. Entonces sí que será posible, puesto que Droctulf, el cuarto general, podrá confirmar que yo di la orden de atacar. ¿Será posible que con más del triple de generales leales podamos acordar una solución?

Por supuesto, la suposición a usted no le vale. Necesita la prueba matemática de cuántos generales son necesarios para llegar a un acuerdo con t generales traidores infiltrados. Pero eso aquí no aparecerá: digamos que simplemente imagina grupos de 3t o menos generales generales (albaneses) que alcanzan el acuerdo: consigue reducir el problema al de los tres generales encontrando por tanto una contradicción. Se requieren 3t + 1 generales leales para acordar una solución.

Las banderas se hinchen con renovada fuerza en el campamento. Los generales que rodean la ciudad son 8 y, si el Imperio Bizantino aún conserva parte de su gloria, los traidores serán dos de ellos. Ahora sabe usted que sin duda podrán alcanzar la mejor decisión.


¿Y qué tiene que ver esto con la informática?. Pues mucho. Si usted no es capaz de evitar los fallos bizantinos en sus programas o componentes que actúan de manera distribuida, sepa que cualquier sistema de decisión requerirá de al menos MAS DEL TRIPLE de componentes que actúen correctamente que los que no3.

Y eso es vital en Tolerancia a Fallos: los sistemas están diseñados para que cualquier tipo de fallo pueda convertirse en uno tipo crash. Aunque se necesite aumentar la circuitería o software de detección, los fallos crash (u omission) -semántica débil de fallo- son por lo general más fáciles de tratar.

Y por eso se le suele dar muerte a los traidores. Es la solución mas ingenieril.

1 El problema de los generales es más antiguo, pero la generalización de Lamport es la más conocida.
2 ¿Sabían que Leslie Lamport también creó LaTeX (Lamport TeX)?
3 Siempre que las comunicaciones sean como las descritas, esto es, que un miembro no puede garantizar que e estado que de él transmiten los otros es cierto.

LESLIE LAMPORT, ROBERT SHOSTAK, and MARSHALL PEASE. The Byzantine Generals Problem. ACM Transactions on Programming Languages and Systems, Vol. 4, No. 3, July 1982, pp 382-401. (enlace)
Lista de Generales Bizantinos

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