19 mayo, 2007

Fanatismos religiosos asumibles (I)

Leyendo en el rincón de Pinar sobre la visita de Papa se me ocurre hablar de religión y qué opina de ella Aitor, que es lo verdaderamente importante. Pinar, por cierto, es un chico que piensa en arameo, pero a veces nos lo traduce. Cuando lo hace, dice cosas interesantes. Pinar es amigo de Aitor Menta.

En realidad, la visita del Papa da poco juego para hablar de religión, porque el propio Papa suele hablar poco de religión. Habla de condones, castidad, relativismo, teologías inconcebibles por políticas y políticos excomulgables. Aitor Menta piensa que el Papa debería dedicarse a asuntos más divinos, doctrinales y teológicos. El debate de si hay o no limbo es el tipo de debate adecuado para un Papa. Pedir al Papa de Roma, que por la puerta asoma, que pontifique acerca de la inmoralidad de usar un profiláctico se hace extraño, porque el Papa, por cómo vive, viste y habla, parece saber tanto de la realidad social como Zapatero del precio de un café. Se diría, si la expresión existe, que el Papa está en el limbo.

En opinión de Aitor Menta, ese tipo de cosas, más terrenales, debería dejarse a curas como los de la Iglesia "Roja", que, desoyendo los consejos del propio Papa, aún ofrecen misas en lengua romance, dejando el Latín de lado. A Aitor le parece perfecto dar las misas en latín. Sería mucho más ameno. Aitor estudió latín porque estaba en sus planes de estudio, no como los niños de ahora.

En realidad todo este tema le importa un pito, a Aitor, ya que carece de alma y espiritualidad alguna.

Pero esto sí que está claro. Si Aitor fuese religioso, sería un auténtico hombre de fe. Un religioso extremista. A Aitor le gustan las cosas claras y el chocolate espeso. Las medias tintas no son lo suyo. De ser católico (pues pilla más cerca) desearía ser una suerte de templario. No templario de los de ahora, que guardan códices extraños y eso, no. Templario de la orden militar, aquellos que protegían a los peregrinos y participaban en cruzadas. Las disputas teológicas deberían dirimirse a fuego y sangre, ya que los concilios ecuménicos acaban siendo una mera revisión semántica. El Dios cuyas ofrendas contengan mayor número de cabezas de herejes, gana y planta sus templos. Y punto pelota. Eso sí, las armas disponibles serían espadas, y, si acaso, hondas.

Otro tipo de fervor que sería aceptable para Aitor es el monástico. La idea romántica del monasterio (oración y trabajo) viene de la Regla de San Benito, o regla de los monjes (540dC.), la cual fue origen del movimiento benedictino. Como, según la 2ª Ley de la Temodinámica, el desorden va en aumento en cualquier sistema cerrado (por así expresarlo), la observación de las reglas fue decayendo a lo largo del tiempo. El 11-S (de 909) fue creada la Orden de Cluny, como reforma de la benedictina, para observar, quizá más de cerca, los mismos principios. Y vuelta a empezar.

La influencia de los cluniacenses fue en aumento. En 1098, Roberto de Molesme debió considerar que los principios de la regla no se aplicaban y marchó a fundar la Orden del Císter. En pocos años obtuvieron gran poder y extensión. Sin embargo fue necesario esperar hasta 1664 para que una reforma en uno de los monasterios cistercenses desembocara en la Orden de La Trapa con el fin... de observar y preservar la Regla de San Benito.

Y en esa ingresaría Aitor. Pero no en un monasterio español, no señor, qué aburrimiento.

Aitor Menta ingresaría en la abadía de Saint Sixtus de Westvleteren, belga. Sería capaz de aceptar una vida de reclusión, silencio, ascetismo y trabajo manual con el único objetivo de paladear, cada noche, una de las mejores cervezas del universo mundial:



West-Vleteren 8º, 10º o 12º. Las más especiales e inaccesibles de todas las cervezas trapenses. (Este enlace sí merece la pena ser seguido).

Algún día hablaré de cervezas trapenses. Y de cervezas. Pero este no es un blog de divulgación, no señor. Éste es un blog elogioso de Aitor Menta. Y se me ha quedado (en el tintero) decir que hay más tipos de fervor cristiano (o religioso) que Aitor asumiría. Pero como esta entrada queda muy larga, mejor le añado un (I) al nombre y hago otra con el mismo título pero que ponga (II) tras el mismo.

Y eso.