Memoria Histórica
Así lo hemos hecho saber desde el primer momento de nuestro movimiento libertador. El "¡Arriba España!" lo hemos grabado en todos los papeles y lo hemos repetido en todos los tonos y a todas horas; y el "¡Viva Franco! ¡Viva el caudillo!" salió también del corazón de todos los españoles, como grito de combate y rayo de esperanza. Así hemos cerrado la puerta a todas las pasiones humanas y hemos robustecido el pensamiento de que queremos una España grande, libre e imperial.
Pues bien, imprime sobre una hoja grande esa sentencia de Dios: "La autoridad viene de Dios" y marcha y colócala en las esquinas de las calles y en la puerta de los cuarteles y en el uniforme de los militares y en la primera página de todos los periódicos y que lo repitan y lo demuestren y lo defiendan los oradores que hablan al pueblo y los tribunos que se dirigen a los soldados...
La autoridad viene de Dios... En los tiempos viejos, los sacerdotes y hasta los pontífices, en el santo templo, en las mismas gradas del altar, dejaban caer sobre la frente de los reyes cristianos el óleo santo que sirve para consagrar a Dios las cosas del culto. Y era para que los pueblos vieran en las personas que ejercían la suprema autoridad un destello de la autoridad divina, un reflejo del poder de Dios, un manto de su misma divina realeza.
Todo esto, por desgracia, ha sido borrado ya, pero ni los piquetas de la revolución ni las burlas de los filósofos impíos podrán borrar estas palabras que ha escrito el dedo de Dios en los libros santos: "La autoridad viene de Dios"...
Sí, ya lo sé: ese coronel, ese capitán, no son tan sabios como tú, ni tan prudentes como tú, ni tan discretos como tú, ni tan virtuosos como tú... Pero tienen una cosa que tú no tienes: tienen la autoridad de Dios, y desde ese momento tienes que respetarlos y obedecerlos como al mismo Dios.1
Aunque escrito en 1938, la idea no es en absoluto tan nueva. Demasiados reyes, jefes y caciques se han envuelto en un halo de divinidad. Las razones son evidentes y se explican en el texto: es un modo de conseguir obediencia injustificada. Y aunque la culpa no sea de la religión, muchas veces éstas han aprovechado la circunstancia en una especie de sociedad con el poder. La religión justifica el poder a cambio de más poder, tierras o tributos. No en vano muchos emperadores se hacían coronar por Papas.
No deseo entrar en maniqueísmos sencillos. Muchas iglesias y conventos fueron asaltados y expoliados. También hubo parroquias que ocultaron a los republicanos, por otro lado. Pero todos sabemos quién ganó la guerra e impuso a sangre, durante mucho tiempo una vez acabada, su credo y política "por la gracia de Dios".
Los religiosos que murieron en aquella época fueron considerado mártires y han sido beatificados: sus nombres han sido pronunciados desde el Vaticano. Y mientras los cuerpos de los que cayeron por el bando nacional fueron exhumados y honrados mediante un monumento que costó muchas vidas a los esclavos republicanos, todavía hoy aparecen fosas comunes de los rojos. Pronto se tapan u ocultan, no sea que se deba desviar el trazado del AVE o modificar el plan urbano o no se pueda ampliar el cementerio. Los que dicen que no es necesaria una ley de la Memoria Histórica dicen que no hay que remover las heridas del pasado. Pero no son heridas del pasado las que están enterradas. Son personas. Yacen anónimas y sin reconocimiento: no interesa. Porque muchos tenían tierras. Porque se las quedaron sus asesinos y delatores. Porque los hijos de estos aún pasean por ellas.
Yo no sé si hace falta una Ley de la Memoria Histórica. Pero sé que a veces conviene hacer un poco de memoria. Por ejemplo ahora que la alta jerarquía eclesiástica pide igualdad y libertad en la educación de los hijos, ahora que se llevan las manos a la cabeza y exigen que los niños no sean adoctrinados (ni siquiera en valores constitucionales). Ahora que los representantes más vehementes de la Iglesia exigen respeto a las creencias y la no imposición de doctrinas sociales excesivamente igualitaristas... conviene recordar un poco.
Que aquellos que exigen esa libertad exigen también la enseñanza del catolicismo en escuelas públicas. Y no vale decir que es opcional. Es opcional ahora. Durante muchos años ha sido obligatoria y bien contentos que estaban los que ahora no desean que el Estado se inmiscuya en la educación de sus hijos.
Que el Estado tiene la obligación de educar a sus ciudadanos y promover ciertos valores, muchos universalmente aceptados (la no discriminación por orientación sexual, que es ni más ni menos lo que quiere decir homofobia), independientemente de si son o no compartidos por ciertos grupos religiosos. Aunque educar sea una palabra muy fea y comparta la raíz duc, de donde viene conducir o Duce.
Y conviene recordar que la propia Iglesia ha sometido e inculcado a más de una generación de españoles a los principios más retrógados del catolicismo. Como la obediencia ciega que se pide en este libro.
Y no, no es lo mismo creer en un Dios que en la autoridad. No es verdad que Dios haya escrito en todas partes "La autoridad viene de Dios". No es verdad que tengamos que callar ante al más tonto, ni el menos virtuoso. Sin confrontar y discutir ideas no puede prosperar ninguna sociedad.
Yo me alegro que al menos hoy la Iglesia no piense de este modo. De no ser así, es evidente que ella tendía que acatar sin más la Educación para la Ciudadanía que propone el Gobierno... y poner luego la otra mejilla.
Forum per la memoria. Más acerca de las víctimas humilladas y profanadas del cementerio de Valencia.
Asociación para la recuperación de la memoria Histórica.
Posición de la Conferencia Episcopal sobre la LOE y Educación para la Ciudadanía.
1 cosillas:
HEMOS GANADO:
España promoverá por ley la prohibición de las bombas de racimo
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