The Session #15: Empezar (tarde) a beber cerveza
No se vayan a creer, ni mucho menos, que este pequeño grupillo de blogs cerveceros que tengo a la derecha es todo lo que hay en la blogosfera breweriana. Ni son todos los que están ni están todos los que son. Los lejanos compañeros anglosajones no sólo tienen blogs cerveceros que tengo pendiente enlazar, sino que además tienen la buena costumbre de acordar un tema al mes para hablar de él. De este modo se exponen distintas visiones sobre el mismo.
Aunque los compañeros hispanohablantes aún no estemos organizados de ese modo, siempre podemos sumarnos a los temas que se proponen desde las islas. Y eso es lo que ha hecho Chela con un magnífico post (y el Filósofo Cervecero ha hecho otro tanto). Y yo he decidido hacer lo mismo y sumarme al tema: relatar cómo empezó mi gusto por la cerveza. Aunque me temo que mis inicios son menos prosaicos y más comunes. Tardíamente, pero allá va.
Por cierto, esta entrada tiene banda sonora nostalgiota.
boomp3.com
Empecé a tomar cerveza... cuando se tiene que empezar a tomar cerveza, supongo. Al llegar al instituto. Al principio cuando se salía, en las primeras cenas con los compañeros, con unos 15 años. Entonces la edad mínima para beber cerveza eran 16 años, así que no era raro comprar cerveza con esa edad, ni siquiera en los supermercados. También se podía comprar alcohol después de las 10. Y beber en la calle no estaba prohibido, que supiéramos. Con todos estos ingredientes, se puede entender que soy un producto del botellón.
El Carmen, centro histórico de la ciudad de Valencia había perdido gran parte de la marginalidad que lo acosaba, gracias a la rehabilitación de los bajos y la apertura de decenas de restaurantes y pubs, que lo convirtieron en la zona de ocio más atrayente: ciertas calles estaban saturadas por la pijería urbanita y otras a reventar de jóvenes desarrapados. Estos se dedicaban a beber, tocar el djembe, fumar, beber otra vez y hacer malabares en las plazas. Yo estaba entre estos últimos. Las noches de Valencia en el Carmen eran una especie de bacanal estruendosa, divertidísima. Hoy en día no entiendo cómo los vecinos no nos asesinaron cualquier noche.
Pero me estoy desviando. Eso de beber litrona no era descubrir la cerveza. Realmente descubrí La Cerveza, con mayúsculas, en un pub de cuyo nombre no quiero acordarme, cercano al instituto. Los viernes por la tarde, a la salida, nos metíamos en él y no salíamos hasta la hora de cenar, casi siempre para quedar una hora después. El pub tenía una amplia carta de cervezas, de entre las cuales, un día cualquiera, me llamó la atención una Belle-Vue, cerveza de frambuesa.
Recuerdo además que la pedimos a medias, porque ni antes ni ahora estaban baratas las cervezas de importación y menos en ese pub, de cuyo nombre no quiero acordarme. La cerveza tenía un tapón de corcho (¡una cerveza con tapón de corcho!) y me pareció tan maravilloso que existieran cervezas TAN raras que decidí probar, poco a poco, todas las cervezas del pub. Además, creo que fue ese día cuando empecé a coleccionar etiquetas. Como la cerveza la habíamos pagado entre dos, nos echamos la suerte de su pertenencia. Y no tuve suerte: me tocó la parte trasera de la misma. Quizá Pinar aún tenga la frontal.
A partir de ahí, todo ha sido buscar nuevas cervezas. Al principio tenía a La Trappe Dubbel como la mejor cerveza del mundo, pero es que aún no había salido del pub. Cuando seguí probando me di cuenta de que eso de la mejor cerveza no existía, que dependía del momento. Resultó que a veces la mejor cerveza era una Hoegaarden. Descubrí la cervecería Comic, de cuyo nombre sí quiero acordarme: no suele pasar más de un més sin que vaya por allí y me tome un chivito de ciervo acompañado de una Gulden Draak.
Desde mi pequeño rincón en el mundo he podido probar cervezas lejanas. Tengo que dar las gracias a muchos amigos que me han traído cervezas y etiquetas finlandesas, chinas, suizas... de muchos sitios donde aún no he estado. Con cada cerveza sigo disfrutando y las novedades siempre me entusiasman. En mi viaje a Bélgica me enamoré de Cantillon y ahora espero el próximo viaje, que sin duda me traerá muchos más placeres: relacionados con la cerveza y no relacionados, que todos son buenos.
Yo me inicié así en la cerveza. No sé como lo harán los nuevos cerveceros. Años después de esas noches de botellón empezaron a regar el suelo de las plazas para impedirlo. Y llegó la ley anti-botellón, que impide beber en la calle, o comprar cerveza (y cualquier otra cosa alcohólica) por la noche. Tampoco se puede beber si eres menor de 18, creo, así que no sé si ahora se despacha alcohol a los chicos del insti con vienen con mochilas. Supongo que sí.
Amantes de la cerveza seguirán apareciendo. Yo espero compartir esta afición con mis amigos y, si algún día tengo hijos, con ellos. Así ellos podrán contar, en el futuro que su padre (un formidable millonario) les inició en el mundillo, apasionante, de la cerveza.
Así sea.
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2 cosillas:
Mejor tarde que nunca... me intereso mucho.
Y este bar donde probaste tu Belle-Vue - ?todavia existe? Pase dos semanas en Valencia en el otono pasado pero no consegui la buena cerveza...
Hola, boak, y bienvenida,
Sí, el bar existe y sigue teniendo carta de cervezas. Ahora bien, hay mejores sitios en Valencia para probar cervezas. No muchos, pero los hay.
En el caso de que algún día vayas a volver a Valencia (o algún amigo cervecero) no dudes en preguntar para saber dónde acudir. Tengo pendiente un post sobre el tema.
¡Un saludo y gracias por la visita!
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