Dejad que los niños se acerquen a los ingenieros
Recientemente ha sido inaugurada una exposición tecnológica, Valencia Siglo XXI, en Valencia (era previsible). La exposición viene a cuento del centenario de la Exposición Regional de 1909, en la cual los valencianos estrenamos himno, nos hicimos un hueco en España y nos dimos a conocer internacionalmente. Dicen. El caso es que, en el marco de los actos conmemorativos, una exposición muestra lo más puntero de la investigación y desarrollo tecnológico en la universidad valenciana, principalmente.
Da la casualidad que mi empresa/grupo de investigación ha aportado a la exposición un sistema de detección de incendios (en el que he tomado parte), que, todo sea dicho, de puntero no tiene un pimiento y que funciona, mal que bien, a expensas de que los visitantes cafres no se dediquen a darle patadas y a romper antenas. Sin embargo, podemos sentirnos orgullosos de nuestra aportación porque el conjunto de la exposición oscila entre lo penoso y la caca. Lo cual no tiene nada de malo: muestra lo más puntero de la investigación y desarrollo tecnológico en la universidad valenciana. Al menos nos hemos preocupado de proporcionar carteles adicionales a los oficiales que explican de qué va la cosa.
Y no pude evitar recordar el maravilloso Deustche Museum que visité en mi escapada a Munich. Porque no sólo bebí cervezas en Munich, qué se pensaba usted.
El Deusche Museum es la visita a un museo si sólo tienen que visitar un museo en Munich. Dedicado por completo a la tecnología, cubre todas las áreas imaginables de la ingeniería, desde aeronáutica a óptica, de la geología a la astronomía. En el museo se puede contemplar un reactor de avión por dentro o ver como funciona, tal cual, un espectrómetro de masas.
En el Deutsche Museum se puede tocar todo. De hecho, es imposible no hacerlo: miles de luces, imanes, bolitas, aspiradores, se ponen en marcha en contacto con manivelas, cuerdas, poleas, que manipula es espectador. El visitante puede comprobar cómo funciona la ley de conservación del momento angular dando vueltas como un loco sobre una plataforma o puede poner en marcha un contador binario hidráulico.
En el museo hay maquetas de plataformas petrolíferas, siderurgias, telares, fábricas de papel... Se explica cómo se hace llegar el gas a las casas, la gasolina a las estaciones, la electricidad a las casas. Y paro ya de alabar, que me pierdo: el Deutsche Museum es sencillamente fabuloso.
Es una suerte que los adultos perdamos la capacidad de asombrarnos, porque, de lo contrario, estaríamos todo el día flipando. Nos es imposible imaginar siquiera el trabajo que hay detrás de todos y cada uno de los aparatos que empleamos hoy en día. Pero hacer la prueba es muy sencillo: imagine que usted, tras haber desaparecido toda la tecnología del mundo, tuviera que construir de nuevo el ordenador que está gastando. O el coche. ¿Cuanto cree que tardaría en conseguirlo?. ¿Por donde empezaría?. ¿Sabría usted siquiera construir una bicicleta de carreras?. Tendía que aprender el cálculo de estructuras para desarrollar el mejor cuadro, química necesaria para crear la aleación de metales y el cromado, física y mecánica para optimizar la transmisión del movimiento, aeronáutica para minimizar la resistencia al aire...
Estamos subidos a hombros de gigantes. La frase original se refería a la ciencia, pero creo que es mucho más exacto aplicarlo a la tecnología. Siento un gran respeto por ciencia, que me parece un regalo de la seres humanos a la humanidad. Pero la ingeniería... la ingeniería es un regalo al servicio de las personas. No basta con descubrir las leyes de la naturaleza: hay que aplicarlas, de forma eficiente, para mejorar la vida de los que nos rodean. No basta con entender la temperatura a la funde hierro: hay que fundirlo y hacerlo mejor, más ligero, más maleable. Hay que hacerlo más rápido, en mayor cantidad, a menor escala... y ese es el trabajo de los ingenieros.Y sin embargo, al visitar el museo muniqués, lo más increíble no fue lo que contenía, sino quiénes lo visitaban. El museo estaba lleno de niños. Alemanes, en su mayoría, a diferencia del ridículo museo de la ciencia Príncipe Felipe, el cual visitan despistados turistas para encontrar que en su interior, casi todo está roto. Los niños acudían con sus familias y almorzaban en las salas sin que ningún guarda les llamara la atención. La sección estrella era, por supuesto, la de aeronáutica, en la que se podía contemplar y acceder a los aeroplanos. Pero también la cúpula de la astronomía estaba llena, y la exhibición de cristal soplado y la sala de molinos de agua (¡que funcionaban!).
Tras comprobar que a la exposición valenciana acuden, sobretodo, abuelos con mucho tiempo libre (y bien que hacen, faltaría más), no me queda sino constatar que las comparaciones son odiosas. Para la parte perdedora. No me voy a poner a pontificar acerca de la calidad del empleo español, de la miseria del sector tecnológico nacional, de cómo cualquier mindundi allegado a un cargo político -estatal, autonómico, local- puede ser nombrado a dedo y cobrar barbaridades mientras que cualquier ingeniero cobre mil euros por su primer sueldo, siempre que haya realizado prácticas en empresa malpagadas durante seis meses antes. Y de cómo todo eso acaba repercutiendo en la percepción de que los estudios no valen para nada, que es mucho mejor afiliarse a un sindicato trepa, a un partido en el poder, opositar y cobrar siempre, toda la vida, el mismo sueldo, se merezca o no. Todas las conclusiones se las dejo a ustedes.
Yo sólo quiero que los niños se acerquen a la ingeniería. No es necesario que entiendan las máquinas y procesos del Deutsche Museum. Tan sólo que se fascinen, como haría usted, como yo, ante la increíble complejidad de todo lo que nos rodea. Años después, ese niño maravillado ante un motor a reacción querrá aprender cómo funciona. Y, cuando tras mucho estudiar, lo haga, se preguntará cómo puede mejorarlo. Es inevitable: los humanos llevamos eso en los genes. Cómo puede hacer el motor más rápido, más ligero, más barato, más seguro...
Ese niño será ingeniero.
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1 cosillas:
La nueva edición de la Ronda está lista.
Invitadísimo.
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