La cervecería El Flabiol
Aunque quede mal, voy a hablar con envidia de una cervecería. Con envidia porque, por desgracia, lejos queda de mi casa valenciana. Está situada en la Ronda de Brasil, nº 55. Los cerveceros nacionales posiblemente ya sepan que estamos hablando de Cervezas el Flabiol. No es que no existan buenas cervecerías en Valencia, que poco a poco van surgiendo -y algún día hablaré de alguna-. Es que Cervezas el Flabiol tiene ya cierta solera que la convierte en asidua de publicaciones y lugar de peregrinaje habitual de los brewfans.
Jordi Chamayou es el artífice de todo ello. Licenciado en Ciencias Exactas, decidió, en 1982 establecerse por cuenta propia y montar un bar. En un principio asociado con una alemana, pronto los caminos de cada uno se mostraron divergentes: Jordi compró la parte del negocio que correspondía y dispuso como quiso. Al parecer, en un principio, el local no pasaba de bareto: cortados, tostadas, cañas. Y hoy no sirven ni Coca-Cola ni agua. Que para ello hay más sitios, caramba.
En esa primera época, Jordi tiraba del repertorio que Maes le ofrecía. Así aprendió que las Lager nacionales no eran la única opción. Pero tras una mala jugada de la distribuidora Jordi decidió que para qué seguir dependiendo de ese modo. Se fue a Bélgica, hizo amistades y contactos y descubrió que ese mundo tenía mucho, pero que mucho que ofrecerle.
Hoy en día El Flabiol tiene una carta con 200 referencias, la mayor parte de ellas belgas. Algunas se encuentran sólo por temporadas, como las ansiadas Westvleteren, que sólo están disponibles tras el viaje anual que realiza a tierras belgas. Los clientes habituales ya lo saben y están al tanto para cuando regresa: se las quitan de las manos. En cada uno de estos viajes Jordi trata de descubrir novedades con las que sorprender a la clientela, además de acumular recuerdos para la cervecería.
Y es que El Flabiol es un local pequeño, estrecho: el tipo de local donde los conocidos disponen de la nevera llena de cervezas sin más que hacer una seña al jefe. Pequeño y atestado de coleccionismo en sus cuatro paredes. Con el coleccionismo, Jordi no sólo decora el local, también hace negocio. Cuando yo estuve, Jordi alternaba tras la barra con un ordenador personal desde el que seguía una puja en eBay de chapas. Según decía, compra unas pocas, añade algunas propias y las revende: una forma más de sacar un dinerito aprovechando el peculiar mundillo que rodea la cerveza. Los coleccionistas pueden consultar el catálogo disponible o comprar posavasos y chapas en el propio local.
Además de todo esto, Jordi mantiene una continua oferta de cervezas y promociones. Con cada una de ellas saca a la luz alguna cerveza de oferta que de otro modo habría pasado desapercibida entre el resto. Organiza también veladas cerveceras (pocas, pero plagadas de incondicionales) donde La Chouffe -estrella de la casa- corre del barril a las copas. Achouffe, De Graal, La Binchoise o De Dolle Brouwers son algunas de las cerveceras con las El Flabiol mantiene una relación preferente. Pero cuidado, que si lo que buscan es fiesta loca aquí no la hallarán: Jordi se permite el lujo de cerrar antes de las 11, sin abrir domingos ni lunes. La cerveza, mejor tranquila y reposada. Se pueden consultar los horarios en la página web, que mantiene él mismo.
La última propuesta ha sido la venta de una nueva cerveza conmemorativa de los 25 años de El Flabiol -El Flabiol, cervesa rossa especial-, que salió a la venta el 30 de Junio de 2007, aprovechando una fiesta celebrada en el local. Según cuenta, la elaboración es exclusiva, recuperada la receta de un viejo cajón de una cervecera belga cuyo nombre no quiere revelar. El misterio de su procedencia ha servido para alimentar las discusiones taberneras y desde luego no ha restado fuerza al tirón que ha tenido entre los consumidores: 1000 botellas se alcanzaron en Noviembre, entre las de 33cl y las de 75cl. La fórmula ha gustado y es evidente que si se cambia será tan sólo para mejorar o añadir variedades. En esa espera estamos.
He tenido la suerte de probar una de estas cervezas conmemorativas, que me trajo un amigo. Turbia y densa (se nota la presencia de la levadura), con reflejos ámbar embriagadores: una cerveza para amantes de lo belga. Mi amigo, desde su casa de Hospitalet, puede acercarse andando a la cervecería. Y también puede encaminarse en sentido contrario e ir a parar a la fábrica de Glops. Pues eso, lo que decía al principio del post: qué envidia.
Cerveza El Flabiol (también la foto).
¿Sabían que el flabiol es una flauta corta tradicional catalana? En tierras valencianas se conoce como flabiol a una flauta dulce de mayor longitud que recoge una extensión similar a la de la dolçaina, instrumento que toco: es una de las aficiones que no he confesado hasta ahora en este blog. Sin embargo, parece que no van por ahí los tiros del origen de nombre, sino más bien por aquí.
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