23 julio, 2007

Aficiones secretas II: Origami

Bien, he aquí el segundo capítulo de las aficiones de Aitor Menta. Si la primera era el japonés, la segunda está muy relacionada. Se trata del Origami, o papiroflexia, en fin: el sutil arte de crear vida de la materia. Hacer papiroflexia genera una especie de sentimiento de omnipotencia, algo siempre reconfortante. Como siempre, aquí contaremos una:

Historieta del Origami

El papel procede de China, y fue transportado a Japón con los mojes budistas en torno al s. VI. (quienes, como ya sabemos, llevaron también la escritura y el budismo). Los chinos ya habían desarrollado diversas figuras de papel, muy sencillas si las comparamos con las actuales. Por supuesto fueron los japoneses, que deben ser un pueblo con unas increíbles ganas de aprender cualquier cosa chorra, quienes convirtieron el origami en toda una disciplina.


Se cree que el origami en este sentido desciende de una tradición (noshi) consistente en acompañar regalos de una sencilla figura doblada. No es de extrañar que poco a poco estos modelos fuesen complicándose llegando a constituir regalos en sí mismos. Cuando finalmente el coste del papel se hizo más asequible, se convirtió en un entretenimiento y ejercicio, con ciertas connotaciones espirituales.

Pero el papel no se quedó en China. Los árabes en su expansión del s. VII habían invadido zonas del país y de los prisioneros aprendieron cómo doblar papel. Por desgracia, los musulmanes tienen prohibida la representación de animales o humanos (quizá por aquello de la omnipotencia) y el arte musulmán consistió en la elaboración de figuras geométricas que sirvieron, al irse complicando, de modelo o inspiración en construcciones arquitectónicas. En Játiva, por cierto, los musulmanes construyeron la primera fábrica de papel de Europa.
Por otro lado, Marco Polo también trajo papel de sus extraños viajes en el s. XIII. El papel tardó en asentarse en Europa, pues el pergamino era más resistente... pero también más caro.

A través de los españoles, el papel cruzó el océano y fue a las américas. Y en cada zona del mundo el arte de crear figuras con él se desarrolló de distinto modo. En Japón se practicaba sobretodo una disciplina del origami llamada Kirigami 切り紙 (cortar y papel), donde se utilizaban cuchillas, pegamento y colores para componer muy complicadas figuras.

Las distintas tradiciones sólo pudieron confluir cuando el Shogun 将軍 japonés se vio obligado a abrir sus puertos comerciales al resto de países en 1854, presionado por los EE.UU. También como consecuencia directa de esta presión internacional se inició la restauración Meiji, que devolvió al poder al Emperador... pero eso no nos interesa tanto como la papiroflexia.

Encontradas las distintas tradiciones surgieron poco a poco las convenciones. En primer lugar el nombre: origami (折紙 doblar y papel), cuyo origen es más bien incierto y data de finales del s. XIX. Quizá proceda de una traducción del alemán, papierfalten. A los niños japoneses se les empezó a enseñar en la escuela desde pequeños. Quizá por ser sus caracteres más sencillos que otros que se referían al mismo arte (los japoneses aprenden kanjis escalonadamente) se impuso este nombre.

El origami que hoy más conocemos desciende de Akira Yoshizawa quien junto a Sam Randlett ideó en 1950 un método para describir los pliegues en secuencias. Éste código constituye un lenguaje universal y su uso permite que todos los plegadores de papel del universo que lo conozcan puedan distribuir y componer sus modelos de forma sencilla. Akira Yoshizawa ha creado más de 50000 figuras y es uno de los grandes genios de la papiroflexia. Según sus consejos, es necesario meditar y rezar antes de elaborar la figura. Tras ella, es necesario lavarse las manos. El origami es en ese sentido similar al arte de la caligrafía japonesa, o shodou, que también requiere de la introspección.

En el origami "moderno" el pegamento y las tijeras están prohibidos. Las figuras deben hacerse preferiblemente con un sólo trozo de papel, que se pliega formando bases. Además, si el papel es de dos colores, se busca que la figura quede con un color uniforme a su realización.

En la actualidad, el origami ha desembocado en muchas vertientes. Las nuevas técnicas de plegado permiten la realización de impresionantes figuras modulares. Además, se han desarrollado estudios que relacionan las matemáticas con el origami, en estudio de fractales, por ejemplo. El origami es algo muy informático, por cierto: se ha determinado que el problema de doblar un modelo desde su representación como patrón de doblado pertenece a la clase de problemas NP-completos, un concepto relacionado con la complejidad computacional (ya vimos algo de ello cuando ordenábamos longanizas).

Las técnicas más modernas de la papiroflexia, en especial el Origami Sekkei 折紙設計 se encomiendan a los ordenadores para desarrollar modelos impresionantes. El padre de esta disciplina el es profesor Robert Lang, que ha utilizado sus conocimientos matemáticos (y físicos) para crear esta langosta que ustedes están viendo... de un sólo trozo de papel sin cortar.

En la actualidad, Aitor Menta se encuentra retirado de la papiflexia de forma activa, aunque en pasado le dedicó muchas horas, con la intención de ligar, principalmente. Los resultados fueron funestos. Y es que no se puede asentar una relación sobre papel. Por cierto, en la primera imagen vemos un pegaso (autor: Eduardo Clemente) un águila (autor J. Wu) y un zorro (extraído de un libro de papiroflexia polaco, en polaco).

Origami en la wikipedia: un artículo muy completo.
Pajarita: asociación española de papiroflexia.
J. Wu: Otro genio de la papiroflexia. Comprobad, si no, su galería.
KameKameHa: Modelos de Origami sekkei y sus diagramas.