11 agosto, 2008

Paisajes de Praga

Ya dije que nuestro viaje a Praga no fue 100% cervecero, sino más bien entre un 30% y un 40% cervecero. El resto lo empleamos en hacer turismo del normal, del que no implica cerveza. Parece imposible en una ciudad como Praga si uno lee el blog del Filósofo Cervecero, pero no lo es. Porque Praga es una ciudad preciosa para recorrer caminando y disfrutar -sobrios- del paisaje.

Praga se divide en distintos barrios, que al fin y al cabo son divisiones administrativas. Los barrios son numerados, y corresponde a Praga 1 el llamado barrio viejo. Con Praga sucede como con muchas ciudades: por un lado está la ciudad turística, relativamente grande (se puede recorrer andando si uno es joven y andador) y por otro la residencial, a la que es mejor acudir en transporte público. Si es que uno tiene alguna buena razón cervecera para ir hasta allá, claro.


Si no se desea andar, el transporte público es eficiente y consta principalmente de una red enorme de tranvías y tres lineas de metro. Que funcionan realmente bien, al menos si se compara con la terrible irregularidad y tardanza del metro valenciano. Los abonos de transporte son combinados y se compran por tiempo de uso, esto es: el billete de un único viaje (el más barato) sirve para 5 estaciones o media hora de uso. Vale algo más de un euro. El de un día merece la pena si uno va a viajar más de tres veces en 24 horas: vale algo más de tres euros (100 coronas). También existen los de tres o cinco días: su precio es superior, pero uno se olvida durante un tiempo de comprar billete. Como Praga es una ciudad de subidas y bajadas, la gente más mayor lo puede agradecer.

Praga 1 comprende los históricos barrios de la ciudad vieja (Staré Mesto) y el gueto judío Josefov. Se trata de la zona más atestada de turistas y es lógico porque en esa zona se encuentra la plaza de la ciudad vieja con su famoso reloj y la Iglesia de Nuestra Sra. de Tyn, la Torre de la Pólvora y la espectacular Casa Municipal de estilo art noveau. Asimismo junto al imponente Clementinum se encuentra uno con uno de los puentes más carismáticos de Europa: el puente de Carlos V. Repleto, por supuesto, de caricaturistas, vendedores y músicos.

En el barrio judío, dentro del complejo de instalaciones gestionadas por el museo judío uno puede visitar las distintas sinagogas que albergan exposiciones acerca de la historia judía en Bohemia, estilo de vida de los judíos o sus fiestas y tradiciones (tienen un huevo de fiestas y tradiciones, los judíos). Hay dos tipos de entradas al museo judío y una de ellas tan sólo sirve para visitar la histórica y pequeña Sinagoga Vieja Nueva. Como eran caras, nosotros cogimos la otra. Por desgracia no se podía hacer fotos en ningún lado (excepto en el cementerio y pagando) así que no pudimos fotografiar el espléndido interior morisco de la Sinagoga Española.

Al otro lado del puente de Carlos V, la zona alta de la ciudad comprende los barrios de Malá Straná y Hradcaný. Malá Strana es famosa por sus calles empinadas especialmente Nerudova (hervidero de tiendas y turistas) y Úzed. Ambas calles parten de la plaza principal, donde se encuentra la increíble iglesia de San Nicolás. En Malá Strana podemos descansar en los parques o jardines cercanos al río Moldava, o bien subir hasta el mirador con el teleférico. Recorriendo la colina arbolada hacia al norte llegaremos al monasterio de Strahov... donde pueden encontrar una buena cervecería. Entonces ustedes estarán ya en la parte más antigua y señorial de la ciudad: la zona del castillo o Hradcaný.

De la cervecería del monasterio de Strahov pueden bajar por Loretanska para descubrir la Iglesia del Loreto, con su hermosa estancia de la natividad (tampoco se pueden hacer fotos, a menos que uno sea español, como comprobé a lo largo del viaje). Si sigue y no se detiene en U Cerneho llegará usted, tras pasar por varios palacios, a las puertas del castillo donde le saluda, imponente, la catedral de San Vito.

El complejo del castillo dispone de una entrada combinada para visitar el Palacio Real, Callejón del Oro, basílica de San Jorge, pinacoteca y Torre de la Pólvora (II). Así que mejor dedicarle todo un día tranquilamente. Tras la visita al castillo es buena idea pasear por los jardines posteriores para alcanzar la Fuente Cantarina, en el jardín del palacio renacentista de Fernando I. Y cuando haya descansado puede bajar tranquilamente por la parte de detrás, para regresar al norte de Malá Straná y a los jardines Wallenstein. De ahí pueden pasar por Cihelna y tomar unas cuantas fotos preciosas desde la orilla misma del río. Además, ahí al lado está la hermosa pivnicé Malostranska.

Cuando uno ha tenido bastante ración de historia antigua, se puede ir a visitar otros barrios, como el de la ciudad nueva (Nové Mesto). Imprescindible, tan sólo por el pequeño memorial y como homenaje, visitar la Iglesia de San Cirilo y Metodio donde los asesinos del líder nazi Reinhard Heydrich se ocultaron hasta que fueron traicionados por uno de sus compañeros.

Al este de la ciudad, caminando desde la impresionante iglesia de Námestí Miru pueden llegar a Vinohrady: más moderno, con edificios elegantes y caros. Esta zona está mucho más despejada de turistas y se agradece a la hora de andar por la calle. Pueden visitar la Iglesia del Sagrado Corazón y contemplar la torre de televisión con sus bebés gigantes. Y si de allá van al norte, ven la estatua de Jan Zizka, cruzan las vías como sea y se atreven a pasear por las decadentes calles del barrio, pueden llegar a la iglesia de San Cástulo. Además ¡en esa misma calle está Pivovarsky Klub!.

Para terminar el viaje, no vayan a ningún sitio en concreto. Elijan un monte como el Letna o Vysehrad: suban a él y busquen alguno de los muchos Biergartens que pueblan las colinas. Y dejen caer la tarde disfrutando de Praga al completo mientras toman unas cervezas.

Imprescindible

  • Cambiar dinero antes de ir a Praga
  • Todas las iglesias de Praga son bellísimas. No se pierdan ni una.

Prescindible
  • Esperar a los santos en el reloj astronómico
  • Pasear en barco




1 Si tiene que cambiar dinero en una casa de cambio, la que mejor cambio daba de las que vimos estaba más o menos aquí.

Nos fuimos con:
La Lonely Planet
Guía de bolsillo de El país Aguilar

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07 agosto, 2008

El logo de La Ronda

Hola compañeros. Como sabéis (y si no os lo digo yo) los compañeros anglosajones debaten mensualmente acerca de temas cerveceros en su Beer blogging Friday. Además, acompañan los posts de un muy bonito logo que identifica rápidamente el objeto del post. Y como yo soy culo veo culo quiero (que decimos acá) pues me he propuesto hacer un cartelito del mismo estilo, pero para nuestra querida Ronda, que ameniza los meses y nos da la oportunidad de escribir sobre nuevos temas cuando se nos agotan las ideas.

Tras varias horas en el laboratorio secreto del doctor Delirium el resultado final ha sido éste:



Explicación de la falla (o por qué así y no de otra manera).

La idea era tener un símbolo sencillo que uniera las dos cosas: la cerveza (rubia o negra que para eso están los gustos y las opiniones en La Ronda) y alguna mención al hecho de que tenemos muchas formas de pedir cerveza en el idioma en el que nos comunicamos y nos entendemos. Además, así se reconoce la primera 'Ronda' de 'Cómo pedir' una cerveza que inició Culturilla Cervecera.

Con este post os presento los diseños en varios tamaños y colores, para quien desee usarlos. Cada uno puede gastar el que desee. El color va a gusto de cada uno porque también lo dejo en transparente1,2. Con el logo tenemos un símbolo de unión fácilmente reconocible y es un modo de dar colorido a los posts de La Ronda, que a menudo quedan sin imágenes. Pero vamos, nadie está obligado a emplearlo, faltaría más.

Y ya está. Como datos técnicos, la foto a partir de la cual realicé la imagen de la cerveza es mía, así que no hay problemas de derechos. Además, yo mismo libero los derechos sobre esta imagen de forma que cualquiera puede emplearla, modificarla o usarla con propósitos comerciales sin la necesaria atribución de autoría (a diferencia, por ejemplo, del resto de contenidos del blog).

Y lo último: si vais a usarla, descargad la que más os guste y subirla a vuestros posts, no os limitéis a enlazar las imágenes de mi servidor, por favor (hotlinking).

Imagen de 150px azul (Más pequeña que la mostrada).
Imagen de 150px color carne (Más pequeña que la mostrada).
Imagen de 150 transparente (Más pequeña que la mostrada).
Imagen de 200px transparente (Más grande que la mostrada).

¡Espero que os agrade!

1 Si usáis Internet Explorer 5 o 6 tendréis problemas con las transparencias. Entonces mejor usad alguna con color de fondo o. O cambiad de navegador a alguno más moderno.
2 Para ver cómo se puede poner el color que os de la gana, podéis leer el comentario.

La imagen ha sido creada y editada con Gimp

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05 agosto, 2008

La Ronda #3: invitación a la Cata

La Ronda es... bueno, ya no hace explicarlo, porque amablemente los compañeros del CAAC han hecho un resumen. Además visto el éxito de las pasadas ediciones, seguro que a muchos ya les suena de qué va la cosa.

El caso es que, animado por mi estivales vacaciones, me levanto y os digo que a esta ronda invito yo. Como sabéis, el límite de publicación de La Ronda es el último viernes de mes, para así poder hacer recuento de 'jarras' el fin de semana. Este mes tenemos pues hasta el día 29: tiempo suficiente para hacer los deberes. Porque os invito a hacer deberes, amigos míos.

El tema de La Ronda #3 se podría denominar Cata de Cervezas y consiste en lo siguiente:


Debéis organizar una cata de cervezas virtual, es decir proponer unas cuantas cervezas que daríais a catar en un hipotético curso de cata o charla acerca de la cerveza. Suponed que lo que queréis es dar a conocer esta bebida a gente que por lo general no es bebedora habitual de cerveza, o no pasa de la cerveza comercial de cualquier bar. La pregunta es ¿qué cervezas le daríais a conocer en una cata?. Las restricciones son las siguientes:

  • Tiene que haber un mínimo de 5 y un máximo de 8 cervezas. Más de 8 bebidas para una cata no suele ser útil en la realidad. Mejor no emocionarse y proponer algo abordable.

  • Mejor no escoger cervezas elaboradas tan sólo en una microcervecería, accesibles tan sólo a unos pocos y desconocidas para el resto del mundo. Aunque en algunas de éstas se elaboren las mejores cervezas del mundo. Si es posible, mejor sustituir esa cerveza por alguna similar, de menor calidad pero un poco más comercial.

  • Hay que mojarse y dar nombres y apellidos, es decir, marcas. No vale decir pues: una Munich caramelizada o una Dubbel de abadía... Hay que poner ejemplos.


Esas son las normas y lo que propongo para esta Ronda. Lo que cada uno escriba, a partir de esto, depende ya de las ganas que tenga de explayarse. Lo mínimo es proporcionar la lista de cervezas (junto con las razones para escoger cada una). Pero si además se desea contar de qué forma se estructuraría la cata, el orden de las cervezas, o si se haría una introducción acerca de la bebida, su historia... todo eso cabe en la ronda y será pagado muy gustosamente. Asimismo, si alguna de estas normas no le parece razonable, sáltesela con alegría (y explique porqué).

Espero que esta propuesta para La Ronda les resulte interesante. Nos sirve para conocernos mejor, pero es evidente que también cumple una misión práctica. Quizá algún día alguno de nosotros pueda aprovechar las ideas aquí vertidas para elaborar una presentación y cata fuera del mundo virtual. O quizá haya alguien que ya lo haya hecho y desee contar en esta Ronda qué tal fue y qué éxito tuvo la iniciativa.

Sé que os pongo trabajo para este verano (invierno para los amigos del otro lado del Atlántico), pero no me sean vagos y expriman un poco su cerebro buscando esas cervezas que darían a conocer a gente interesada en aprender. Creo que merecerá la pena.

Como es habitual, presenten en los comentarios de este post las consumiciones. De este modo será más sencillo pagar a la salida.

Un saludo a todos y ánimo.

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04 agosto, 2008

De cervezas en Praga (y II)

Este post tiene una primera parte...

Y Max nos dijo: ¿Habéis estado en Pivovarský Klub? ¿no? ¿y en Pivovarsky Dum? ¿tampoco?. No puede ser. Vamos... pero antes a almorzar.

Y nos fuimos a almorzar. Conviene aquí decir que los checos almuerzan bien, y es la comida más fuerte del día. Una sopa consistente, un filete con puré de patatas, un par de buenas cervezas, tajada de sandía y, como colofón, un chupito casero de licor de ¿era ciruela? que nos puso en posición de salida: no eran ni las 12 del mediodía. Todo esto sucedió, por cierto, en una hospoda de Zizkov, el barrio al este de Praga, bastante menos turístico que la parte vieja.

Tras ello nos dirigimos de nuevo a Praga 2 para visitar el maravilloso Pivovarský Dum, donde se encontraban elaborando cerveza, a tenor del olor y el calorcito que desprendían las cercanas calderas. Allí probamos la especial negra, una cerveza de trigo, amarga cerveza de ortigas (que olía a puro campo) y cerveza con café. Que sabía a café. Y quizá alguna más.


Y con este fenomenal arsenal nos despedimos de nuevo de Max. Nuestro día no terminó ahí porque, con el corazón alegre, nos encaminamos a Ferdinanda, hospoda situada en en una de las calles que salen de la plaza de Wenceslao. Tiene una cerveza svetlý lezák bien tirada y sabrosa. No pedimos más de una cada uno, eso sí.

Allí nos pusieron, además de nuestro amado queso de cerveza, un plato de pollo con queso realmente bueno... pero que no habíamos pedido. Eso sí, como teníamos el corazón alegre pagamos sin más y nos dirigimos a quemar lo quedaba de tarde.

Y llegó el último día, donde por tercera vez quedamos con Max, esta vez para despedirnos y recibir un embotellado recuerdo de la visita. Tras la despedida, nos encaminamos en nuestro último día de ciudad al último y más necesario destino cervecero en Praga (a nuestro juicio): Pivovarský Klub.

En Pivovarský Klub disponen de seis grifos de cerveza que van rotando periódicamente, cada uno con alguna especialidad procedente de microcervecerías o elaboradas en el propio Pivovarsky Dum. Las paredes del local se encuentran atestadas de cervezas -la mayor parte checas-, que uno puede recoger mientras almuerza. Entre los platos que pedimos, el omnipresente queso de cerveza, un queso ahumado buenísimo y unas tostadas fritas con ajo, pollo y salsa rosa.

Por supuesto, probamos todas las cervezas de barril (y aquí sí que anoté nombres y sensaciones), pero yo quiero resaltar la Zvikoská 13º, una cerveza negra con aromas de café y tostados a copa parada, pero que al remover muestra plátano y toffee. Al probar sucede al contrario: dulce primero y retrogusto a café y frutos secos. La Kvasar 15º, cerveza de miel, resulta ser lo contrario a lo que uno espera: muy amarga al final, con mucho lúpulo, poco dulce y con un punto de miel muy al final del olfato y gusto. La única un poco más decepcionante, Platan Premium.

Tras varias horas en el local, degustando cervezas y platos, pasamos a la recolecta: nos llevamos una Castulus, una Bernard Cerné, una Pardubický Porter y una Red Dark (recomendadas por Max, excepto la última, que nos ofreció el camarero). Además me llevé a casa una Celis White a la que le tenía ganas, después de mi último post1.

Y así, cargados y con el corazo... bueno, un poco borrachos, nos fuimos a pasar las últimas horas en Praga.

Para ello subimos al monte Letná, acudimos a un Biergarten en lo alto de la colina y dejamos pasar las horas mientras bebíamos en vasos de plástico una intomable Gambrinus 10º, que en ese instante nos sabía a gloria.

Y esa es la crónica cervecera del viaje. Faltan muchas cervezas que también probamos, pero ya en la intimidad del apartamento, para cenar. De entre todas ellas, compradas en supermercado (donde los precios oscilaban entre los 10 y los 20 coronas por cerveza) la más especial quizá fuera la Primátor 24º, que era casi una especie de caramelo de regaliz. En general toda la serie de botellas de Primátor (Premium, 13º, 16º y 24º) nos han gustado, y hemos traído unas cuantas más para casa.

No sólo hay sitios que hemos probado: también hay muchos, que, pese a tener marcados, no hemos podido visitar. Entre estos, la muy turística U Fleku, donde tienen un pequeño museo de historia de la cerveza y elaboran una única cerveza. Tampoco entramos a Malostranká Pivnice (junto al museo de Kafka) ni a Dobrá Trafika, pese a que pasamos por delante. Ni a la Pivní Galerie ni Svijanský Rytír, para los que no encontramos tiempo. Pero bueno, todo no se podía. Espero que si ustedes viajan a Pragan lo hagan y me lo cuenten.

La crónica de cervezas probadas no acaba en Praga, sino en Valencia y en casa o con nuestros amigos. Trajimos 13 cervezas de allá y ya las hemos probado casi todas. Algunas no merece la pena mencionar. Mención especial para Castulus cerveza caramelizada y con un poco de gusto a miel, bastante compleja (aunque muy ligera). También la espléndida Porter 19º de Parduvice. Si la quieren asociar a algún tipo de Porter deben hacerlo a más a una Porter báltica que a una inglesa. Sin embargo, coincidiremos en que eso no importa. Es una cerveza compleja pero bien equilibrada. De malta oscura y caramelizada presenta aromas a azúcar moreno. Sin embargo, aunque tiene un retrogusto dulce, no se pasa y compensa con un delicado amargor. De esta cerveza sí que podría beberme un par, al contrario que de la Primátor 24º.

Decir que nos ha sorprendido muy gratamente toda la serie de Primátor. Encuentro una estupenda cerveza de sesión (ahora que viene el mes) la Primátor Svetlý. La Weizen es una maravilla y, tras probar cervezas de trigo checas y cervezas de trigo alemanas, me quedo con las checas. No son tan cítricas y poseen mayor cuerpo. Además, se libran de los aderezos belgas, lo cual también se agradece a veces. Es una lástima que Primátor, que es una cerveza que puede conseguirse aquí, no haga llegar sus cervezas de supermercado checo al supermercado España.

En resumen, un viaje... digamos entre 30 y 40% cervecero. Si cuando pasé las vacaciones en Bélgica volví más belga, ahora he vuelta más checo. Hay que dar las gracias a Max por ello y ya estamos discutiendo el modo. Y por supuesto Max, estás invitado para cuando viajes por acá.

Al resto de gente, si Praga está en sus planes, no lo duden: disfrutarán de una auténtica experiencia.

Na zdraví!

1 ¡Culturilla Cervecera se me ha adelantado al probarla!

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03 agosto, 2008

De cervezas en Praga (I)

No, se han equivocado: si buscan información acerca de qué cervecerías visitar en la capital checa para su viaje, el blog que están buscando es éste. Este post es para narrar mi experiencia cervecera en Praga, ciudad que visité en mis propias y merecidas vacaciones. Porque Praga, además de ser una ciudad muy hermosa (como espero demostrar en otro post) es una ciudad para vivir una gran experiencia cervecera. Sobretodo si vas guiado por Max, el filósofo cervecero.

Nuestra intención, por supuesto, no era tan sólo visitar cervecerías (que allí se llaman por lo general hospodas o pivnices1). También era ver la ciudad. Así que tratamos de combinar ambas cosas: creo que lo hicimos con éxito. Con algunas de las cervecerías tuvimos más suerte y con otras no tanto, pero desde luego nos lo pasamos genial. Principalmente porque lo que hicimos nada más llegar fue llamar a Max y al día siguiente ya estábamos en...


Filosofando y delirando: crónica de un encuentro cervecero en Praga

Pero antes, una pequeña reseña de cómo va el tema de las cervezas en Praga. La República Checa es el país que más cerveza consume del mundo mundial. Por persona se consumen unos 156.9 litro al año, y sacan más de 20 litros al segundo (Irlanda). Para que se hagan una idea, casi doblan a los españoles (con 83) que ocupan una honrosa duodécima posición.

Por supuesto, consumen esa cantidad porque hay mucha gente que no bebe, porque si no no me salen las cuentas. Lo normal en cualquier pivnice era contar al menos tres rallas largas por persona. Esto indica que se han consumido tres cervezas de medio litro, la medida estándar de la cerveza común checa, Svetlý o Cerný2. Por cierto, ya que me lo ha preguntado mucha gente, el precio de la cerveza allí es barato si la jarra te sale por 30 coronas o menos. Caro si sale por más de 50. Esto significa que el medio litro sale entre poco más de un euro y menos de dos.

Entre otras cosas te salen esas cantidades de cerveza por persona porque, con la complicidad del cliente, es más sencillo tomar una nueva cerveza que no hacerlo. En cuanto uno ha vaciado el vaso, lo más normal es que el camarero lo recoja y lo vuelva a llenar. Es decir no hay que hacer gesto para pedir, sino para negar. Según nos contó Max, el truco está en solicitar la cuenta antes de que se acabe la cerveza. Así que no es extraño que nosotros, que ni de lejos acostumbramos a beber tales cantidades, que íbamos en pareja y que pretendíamos ver la ciudad sin ir a gatas, bebiéramos 'poco' y nos saliese el viaje a una media de unos dos litros al día. Y ahora vayamos ya a por el encuentro cervecero.

Max no tiene precio como guía: esto significa que no se le puede pagar porque al ritmo que va es imposible tratar de contemplar las bellas calles de Praga mientras anda. Nos tomamos la primera en Krusovická Pivnice, donde la cerveza no destaca especialmente sobre cualquier otra de Praga, pero nos sirvió de punto de encuentro. Salimos y, en un momento, habíamos recorrido andando dos estaciones de metro, subido a uno, bajado, subido a un tranvía y bajarnos para plantarnos en...

Pivovar U Bulovky. Donde elaboran su propia cerveza. Maravilloso el local desde todos los puntos de vista. Y tremendo el goulash, la mejor comida que probamos en todo el viaje. Max se tuvo que ir pronto, pero nos dejó con una cerveza de miel con aroma y gusto a manzana3 tan buena, que a nosotros nos daba auténtica lástima abandonar el local. Pero había que regresar a Praga.

El resto de días, ya por nuestra cuenta, visitamos U Cernéhu, situado en la misma plaza de la iglesia de la (cara) iglesia del Loreto. En U Cernéhu, dependiendo de la hora, los turistas se mezclan con la población local, aunque no es raro ver a algunos turistas que, tras contemplar el panorama de las mesas compartidas, huyan a algún lugar menos local. En cualquier caso tienen menú en inglés, en español y supongo en otras lenguas.

Esta pivnice fue de las que más nos gustó y donde descubrimos el queso Romadur en escabeche. Lo acompañamos de unas cuantas Kozel oscuras de barril (que fue una de las cervezas que más nos gustaron). En la misma zona se encuentra la hospoda del monasterio de Strahov, donde elaboran su propia cerveza. Por desgracia, cuando otro día acudimos a ella, estaba reservada por fiesta privada. Así que regresamos a U Cernéhu, para probar entonces el Hermelin en escabeche con ajo y el embutido checo con vinagre.

[Como se ve, los checos son de sabores fuertes. No es raro encontrar muchos platos acompañados de vinagre, cebolletas o largas guindillas. Estos sabores, evidentemente, pegan a la perfección con las cervezas Svetlý]

En Josefov, el barrio judío, visitamos la hospoda U Rudolfina, donde además comimos pato con los famosos dumplings -migas de pan gomosas- y cebolla. La cerveza (solo rubia Pilsner Urquell tanková), eso sí, nos dejó un poco insatisfechos.

En Staré Mesto -la ciudad vieja- conseguimos (al segundo intento, porque no abren por la mañana) visitar U Zlatého Tygra, archiconocido por turistas por ser el lugar que visitó Bill Clinton en busca de una cervecería auténtica checa. La cosa allá funciona de la siguiente manera: te sientas y te ponen una cerveza. No hay preguntas. No hay menos de medio litro. Si lo acabas y miras al camarero sin querer te ponen otro. Y así sucesivamente. La cerveza, tan sólo Urquell tanková, es agradable, pero sin pasarse: hecha para tomarse unos dos litros sin problemas. Así que no fue por la cerveza que recordaremos toda la vida U Zlatého, no. Fue por que allí conocimos el queso de cerveza, plato fundamental de los pivnices checos, que no hemos tardado ni dos días en reproducir en España una vez hemos regresado. Pero eso se contará más adelante.

También en pleno centro y muy cerca de la plaza de Wenceslao (al lado de la única farola cubista del mundo) está U Pinkasú. El lugar es preferentemente turístico, pero sólo si uno se quedan en la terraza. Dentro, uno comparte espacio con los habituales checos. La cerveza (Kozel de barril) no está mal, pero la venden cara. Así que no pedimos nada más.

Y en esas estábamos cuando, a falta de dos días para regresar, quedamos de nuevo con Max.

Pero eso queda para la segunda parte, que este post queda muy largo.

1 En las hospodas se sirve, además de cerveza, comida caliente, de cocina. En las pivnices también hay tapas, pero frías o muy sencillas.
2 Svetlé es la cerveza rubia común en Praga, normalmente entre 12 o 10 grados Balling y bien lupulizada. La Cerné es la cerveza negra, más dulce pero de idéntica graduación. Por cierto, lamento no poder poner todos los acentos como corresponden, pero mi teclado está bastante limitado en ese sentido.
3 La verdad, no anoté los nombres de cerveza ni unas breves notas de cata de cada una. De normal no lo hago, me gusta beber sin más y más si estoy acompañado. Sólo lo hice el último día ¡tras pensar que luego debería escribir acerca de ello!. Así que lo lamento si las descripciones quedan pobres: fueron demasiadas distintas en pocos días.

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